Mañana lunes 29 de diciembre se cumplen 50 años de la promulgación del documento Doctrina de la Fe ‘Persona Humana’. El documento recuerda las bases católicas de la moral sexual. Básicamente recuerda que las relaciones sexuales están llamadas a la unidad de los esposos y abiertos a la vida de manera indisociable.

Por lo tanto, toda relación sexual fuera del matrimonio o que niegue la apertura a la vida no es acorde a la moral católica. Esto afecta a las relaciones prematrimoniales, aún cuando haya afecto entre la pareja y compromiso de matrimonio. Pero no hay un compromiso formal y público y tampoco ha habido sacramento.

También afecta a las relaciones homosexuales, que por definición, son ajenas al matrimonio. ‘Persona Humana’ recuerda que para la Iglesia todos los actos homosexuales son “intrínsecamente desordenados”. Hemos sido llamados para la complementariedad en una entrega que afiance la unión de los esposos y que esté abierta a la procreación, a la participación con Dios en la creación. Todo esto es imposible en la relación homosexual.

Obviamente, la masturbación también es una conducta moral desordenada porque niega la unidad y la apertura a la vida y se queda en el simple placer. Incluso los anticonceptivos son observados con rechazo por ‘Persona Humana’ -publicada siete años después de la encíclica Humanae Vitae- por entender que la unidad de los esposos y la apertura a la vida están unidos por Dios y el hombre no debe romperlos.

En definitiva: ‘Persona Humana’ recuerda que la moral católica considera pecado y desaordenado cualquier relación sexual ajena al matrimonio y que responda al fin unitivo y procreativo de las relaciones sexuales dentro del matrimonio.

Estamos llamados a la unidad de los esposos y como fruto de esa unidad, la procreación.

Nada nuevo. ¿Esta doctrina sigue vigente? Obvio. La Iglesia no modifica su doctrina. Es verdad que pastoralmente ha habido un mayor acercamiento hacia el pecador. La mayoría de las parejas que acuden a los cursos de preparación al matrimonio ya llevan tiempo conviviendo. Además, la Iglesia ha lanzado planes pastorales de acogida a la comunidad LGTB. Pero que haya acogida no implica un cambio doctrinal. Se acoge al pecador, no al pecado. Y no se renuncia al plan al que hemos sido llamados. Eso sí, asumiendo la debilidad humana y la imposibilidad de vivir la perfección alejados de Él.

La efémeride de ‘Persona Humana’ es especialmente interesante en un mundo que separa sexualidad de la procreación, absolutiza el deseo individual y rechaza la noción de ley natural.

Si ‘Persona Humana’ fue difícil de digerir en 1975 hoy suena a ‘antigualla’ de museo. Hoy la mayoría de los niños nacen fuera del matrimonio. La descomposición familiar fruto de la revolución sexual es espectacular. Quizás por eso muchos clérigos no se atreven a ofrecer la Verdad a la que todos hemos sido llamados: es abiertamente contracultural.

Sin embargo, en un mundo hipersexualizado, con jóvenes saturados de placer inmediato sin satisfacción de fondo, apelar a la Verdad eterna de la naturaleza segḉun Dios a la que hemos sido llamados es más necesario que nunca.

Cuando Adán trató de usar a Eva para su placer y Eva trató de dominar a Adán mediante sus encantos, se rompió la unidad y surgió la vergüenza como un ‘chivato’ de la unidad a la que hemos sido llamados

Asumiendo que la castidad es “heroica” como decía Juan Pablo II. Pero no imposible. Y asumiendo también que el pecado forma parte de la vida. Pero sin renunciar a lo verdadero y a la naturaleza con la que Dios nos creó.

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Un abrazo,

Luis Losada, director de Actuall y todo el equipo

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