Aún con el alma compungida por las últimas catástrofes que hemos tenido en España por los accidentes de varios trenes, con el corazón roto por esos padres que han perdido a sus hijos, por esos hijos que han perdido a sus padres… tenemos que continuar viviendo.
Y vivimos no solo rodeados por estos acontecimientos tan desgarradores, si no también, muy a nuestro pesar, por otros en los que también hay víctimas que sufren. No de un modo físico, quizás, sino más bien de una forma sutil, casi imperceptible, por las ideologías destructivas que se van colando en la mente de las nuevas generaciones.
Los que atizan el fuego del odio, esos que se alimentan de los enfrentamientos ideológicos, de los negocios que giran a sus sombras, de los puestos de trabajo que les generan… esos, no se contentan con meter sus sucias zarpas en las aulas, si no que tienen que encender la mecha buscando un cordero al que sacrificar en nombre de la libertad y la democracia.

En esta ocasión la víctima es un profesor de filosofía de un instituto en una localidad de Huelva, al que se le acusa de apología del franquismo en sus aulas por decir, supuestamente, que “con Franco se vivía mejor”. Y aunque, tras la investigación llevada a cabo en ese centro educativo, el veredicto fue de inocente, no contentos con esto, los miembros del sindicato CGT, sí, esos “comegambas”, le han denunciado por “adoctrinamiento franquista”, y para remate, el mismo alcalde, tuvo la cara dura de, anterior a este hecho, presentarse en la puerta del instituto para repartir panfletos de ideología izquierdista para alertar a los alumnos… ya sabemos querido lector: ¡qué viene la derecha!.
Este valiente profesor citado no se lo pensó dos veces y le recriminó esa actuación fuera de contexto en la puerta de un instituto donde hay niños menores. Tan sólo hay que escuchar la grabación que mantuvieron ambos, profesor y alcalde, para darse cuenta del despotismo de este último, la arrogancia y el perfil radical de ideología de izquierda, llamando “gentuza” a los de ideología derecha y burlándose del crucifijo del profesor que colgaba de su cuello.
Lamentablemente hay personas ciegas de odio, y a pesar de que los propios alumnos y padres del centro desmintieron este supuesto “adoctrinamiento”, a pesar de la inocencia probada, a pesar de la verdad, hay personas radicalizadas que tratan de imponer sus ideologías a costa de machacar a los demás. Porque así, tal y como nos demuestran cada día, mediante el enfrentamiento y las mentiras, es como funcionan algunos.
No estaría mal recordarle a este alcalde, así como a tantos siervos del izquierdismo, que ellos no son precisamente los idóneos para dar clases de lo que es o no adoctrinamiento. Ellos que aplauden con las orejas y se enorgullecen de meter en la mente de los niños las ideas del cambio de sexo como una alternativa liberadora, las relaciones homosexuales como rompedoras del patriarcado y el ataque al hombre como si fuesen violadores y maltratadores en potencia. Dejad en paz a los niños y preocuparos por levantar el nivel y la calidad educativa que es vergonzosa como está.
Los miembros de la Asociación ECA intentaron contactar con algún alumno de este instituto de Paterna del Campo y el profesor perjudicado, pero sin éxito, porque lo que consiguen estos ogros rabiosos, es amenazar e intimidar a los “buenos”. De esta manera, nos pusimos en contacto con Fernando, un amigo de ECA, quien conoce de primera mano esta situación. Hemos podido realizar una entrevista muy interesante con él en nuestro programa de Radio “Son nuestros hijos” de Multicanal Radio, en la que nos revela todo lo acontecido con muchos detalles y a la que te invito a ver y compartir.
Debemos frenar los pies a estas personas que se creen en posesión de la verdad y con el derecho de pisotear el honor de un profesor y de lavarles el cerebro a los menores con sus mentiras ideológicas.
Desde aquí, quiero manifestar el apoyo de la Asociación ECA a este profesor y dar la enhorabuena a esos valientes alumnos que lo defendieron ante esas falsas acusaciones y ese atentado hacia la neutralidad que debe haber en un centro educativo. La carta que escribieron no tiene desperdicio y es síntoma de que aún hay esperanza.
Beatriz Montes, colaboradora de Enraizados
