El presidente de la conferencia episcopal, Luis Argüello, dijo la semana pasada en una conferencia sobre El colapso de la democracia, que «cuando un Estado olvida la ética se convierte en una banda de ladrones, y a las pruebas me remito».
Acto seguido, el ministro de la Presidencia, Félix Bolaños, manifestó, por carta, su «sorpresa» ante unas declaraciones que considera «ofensivas, tanto desde el punto de vista personal como institucional». «Permítame hacerle una pregunta» añadió «¿qué le parecería si un miembro del Gobierno calificase a la Iglesia entera como “banda de agresores sexuales, a las pruebas me remito”? Evidentemente sería falso y profundamente injusto».

La ministra de Defensa, Margarita Robles, se sumaba a esta reacción exigiendo a Argüello que se disculpe «adecuadamente».
El episodio ha retratado a Bolaños y a Robles. Porque:
Se han dado por aludidos, cuando Argüello no se refería a este Gobierno, sino al Estado en general, como él mismo aclaró luego. Se trata de una conocida idea expuesta por san Agustín en La ciudad de Dios, que también citó Benedicto XVI en la encíclica Deus caritas est. La frase textual reza: «Si de los Gobiernos quitamos la justicia, ¿en qué se convierten sino en bandas de ladrones a gran escala? ( Remota itaque iustitia quid sunt regna nisi magna latrocinia?) (libro IV, capítulo 4).
Esto deberían saberlo Bolaños y Robles, aunque cabe dudarlo. Dada su indigencia intelectual creerán que San Agustín es una villa de la serranía de Madrid, muy apreciada por los amantes de la gastronomía, gracias a sus carnes y asados preparados en horno de leña.
Al hacer la comparación con los agresores sexuales, el ministro Bolaños pone al Gobierno de Sánchez como una víctima de la Iglesia, la cual -viene a decir- carece de autoridad para dar lecciones porque es un sepulcro blanqueado que mete mano a niños y mujeres. Bolaños intenta así desviar el foco de la interminable lista de casos de corrupción del Gobierno y, de paso, arañar votos de la izquierda.
Robles se escandaliza por las palabras de Argüello y recuerda que en su reciente visita a España, el papa León vio «cómo trabajan tanto el Gobierno como los funcionarios. Vio que somos personas honestas y éticas». ¡¡Honestas y éticas!!, ¿el Gobierno de Sánchez? Claro que eso lo dice una exmagistrada que se ha prestado/rebajado a trabajar para un Ejecutivo mafioso. Una magistrada que debe saber mejor que nadie el significado de conceptos como «prevaricación», «división de poderes», «nepotismo» o «gobernar sin rendir cuentas en el Parlamento» y ahí sigue, a la vera del gánster, cómplice de sus fechorías y sus atropellos al derecho. Con que «personas honestas y éticas». Excusatio non petita, acusatio manifiesta.
Pero también se retrata monseñor Argüello, no por su conferencia, valiente, acertada e impecable, sino por entrar al trapo del ministro Bolaños y excusarse. Es ese miedo que, a veces, tienen los prelados a disgustar al mandamás y en cuanto este se molesta se apresuran a inclinar la cerviz hasta un ángulo de 45 grados. Si el ministro se da por aludido, es su problema. Pero el presidente de los obispos ya es mayorcito y debería saber que los secuaces de Sánchez siempre van a manipular sus palabras, diga lo que diga.
Máxime cuando, al parecer, toman su reflexión por una descripción objetiva de la realidad. Es como si Al Capone se sintiera ofendido porque alguien definiera los entramados de empresas mafiosas y sus conexiones con jueces y políticos, como crimen organizado.