Hoy es San Valentín. Para muchos una fiesta comercial; para otros, una fiesta obligatoria. Pero, ¿quién fue san Valentín?, ¿por qué se ha convertido en el patrón de los amantes?, ¿qué tiene que decirnos hoy que sufrimos una verdadera pandemia de rupturas familiares y provisionalidad en las relaciones de pareja?
Te cuento. la verdad es que no está claro quién fue san Valentín. Sí sabemos que fue mártir de los primeros siglos, de la época de la Iglesia perseguida. Pero hay varias versiones y además con el nombre de Valentín aparecen al menos dos figuras.
Pero lo más asentado es que san Valentín fue un sacerdote romano de la época del emperador Claudio II. Como era tradicional en el imperio, Roma había prohibido a sus soldados que contrajeran matrimonio porque entendían que si se casaban perdían libertad, valentía y eficacia. Pues bien, san Valentín -al parecer- desafió la orden imperial y celebró varias bodas en secreto. Lo descubrieron, le encarcelaron, le torturaron y finalmente le ajusticiaron.
Pero además de esta historia heroica se mezcló la creencia en Inglaterra y Francia de que el 14 de febrero comenzaba la época del apareamiento de las aves. Así que poetas y trovadores acogieron el 14F como fecha ‘talismán’ para sus ‘performances’. Y la Iglesia, como ocurrió con varias celebraciones, recogió la tradición pagana y la cristianizó.

El cristianismo dota de contenido religioso una fiesta pagana y el comercio llena de contenido mercantil una fiesta cristiana. Voilá. Bienvenidos al presente.
Pero más allá del debate sobre la mercantilización de san Valentín, lo más llamativo es la paradoja de apelar al amor en un momento en donde el amor jamás ha sido más inestable.
El mundo de hoy presenta el amor como una emoción intensa, gratificante y sin fricciones. O sea, un mundo feliz, una realidad de color de rosa. Y una rosa sin espinas… Muy atractivo, pero poco real. Porque el amor no es enamoramiento. El amor auténtico -como describió magistralmente san Pablo- espera sin límites, se entrega sin garantías, busca dar antes que recibir y permanece firme frente a las permanentes fluctuaciones de los sentimientos.
No es una experiencia de consumo. Es justo lo contrario: es una decisión. No me caso para ser feliz, sino que me caso para quererte y hacerte feliz. Exactamente lo inverso de las relaciones ‘a prueba’. ¿Ese es el respeto que nos tenemos?, ¿estoy contigo a prueba, a ver si tenemos química?
El mundo de hoy apela a la reversibilidad del compromiso y a un compromiso vinculado con satisfacción. “Me renta” o “no me renta”. O “de momento, me renta; cuando deje de rentarte, ciao”.
Por eso las tasas de nupcialidad están por lo suelos y las estadísticas de divorcios, por las nubes. Y el cóctel produce soledad no deseada y cronificación de inestabilidad afectiva. Si algo no funciona, se reemplaza; no se arregla.
Amar en tiempos de provisionalidad es un verdadero reto. Porque exige renuncia, paciencia, perdón, trabajo y en ocasiones, frustración. Nada de esto es atractivo para un tiempo como el nuestro que sólo entiende de satisfacción inmediata. Por eso la apuesta por el amor estable es probablemente lo más revolucionario de los tiempos actuales. Exige responsabilidad, permanencia, sacrificio y lealtad. Aunque no apetezca.
No es sentimiento; es una promesa, un compromiso. Y en esto está en juego la estabilidad de las familias, el equilibrio psicológico social y también nuestra felicidad personal.
Así que si eres de los que todavía creen en el amor que no se rinde, ¡feliz San Valentín! Y bienvenidos a la resistencia…
Un abrazo,
Luis Losada, director de Actuall y todo el equipo
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PD3. Pedro Sánchez dijo el otro día en el Congreso que le molestó mucho que Feijóo le llamara el ‘galgo de Paiporta’. ¿Hay mejor definición para quien huye de su responsabilidad ante la tragedia seam volcanes, incendios, inundaciones o accidentes ferroviarios?


