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El cardenal Zen, emérito de Hong-Kong, ha publicado unas reflexiones a la luz de las conclusiones de la reunión de cardenales celebrada a finales de junio. Una de las conclusiones es que el hombre de hoy ha perdido el sentido de la vida. Y el sentido de la vida, dice el cardenal Zen, es la vida y la familia. Así lo señala:

“Si se niega el valor inestimable de la vida y de la familia, ¿qué queda de hermoso en la existencia? Es como abandonar un manantial para buscar agua en una cisterna agrietada. He oído decir que incluso el demonio lo ha reconocido: destruir la familia es su victoria”

Por eso propone que la Iglesia asuma como principal prioridad la familia. Porque es en el matrimonio fiel donde el hombre se plenifica, la vida se hace posible y la evangelización encuentra una tierra fecunda.

Ese es el tesoro escondido del Evangelio por el que vale la pena venderlo todo, arriesgar la misma vida, explica.

Pero el cardenal Zen alerta de los riesgos del creyente. Son los de siempre: el mundo, el demonio y la carne. Pero él los verbaliza de otra manera: las pasiones egoístas, las tendencias del mundo y el demonio.

Pide rezar a san Miguel para que nos proteja del demonio. Más peligrosas son las tendencias del mundo porque “no son tan feas como el propio demonio”, dice el cardenal. “Emplearán palabras dulces para ganarse vuestra simpatía; ¡tened mucho cuidado!”, advierte. No en vano el príncipe de este mundo es audaz y atractivo…

Pero el emérito de Hong-Kong se centra en las “pasiones desordenadas”. Y aquí es donde saca su tarjeta amarilla. Porque advierte que incluso las cosas pequeñas si se convierten en hábitos pueden socavar nuestra voluntad. “¡Los malos hábitos son tan destructivos como las drogas!”, advierte. Buena reflexión para meditar…

El cardenal Zen se atreve a hablar sin tapujos de los pecados de “las personas LGTBQ, que contravienen totalmente el designio del Creador para la humanidad”. ¿Y cuál es ese designio? “Un hombre y una mujer amándose para toda la vida y transmitiendo la vida mutuamente en un hogar cálido”, responde el cardenal.

Por eso advierte que las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo no solo son consideradas pecado en la Sagrada Escritura sino “abominación (especialmente repugnante) a los ojos de Dios”, apunta. Y añade que Dios, en su infinita misericordia también envió fuego para destruir Sodoma.

Por eso concluye que la familia debe ser la prioridad pastoral. Frente a las tentaciones del mundo y las pasiones desordenadas, “pasar a la ofensiva”, dice el cardenal Zen. Así lo señala:

“Movilicémonos todos: obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas, fieles casados y solteros, familias felices y familias en dificultad. Hagamos de la protección de la familia nuestra misión sagrada, la prioridad absoluta de nuestra acción pastoral”.

La familia es el santuario de la humanidad y por tanto la Iglesia doméstica, el lugar privilegiado para que Dios manifieste a los hombres su amor divino a través del amor humano de personas ‘divinizadas’.

Este es el reto. Un señor reto porque el compromiso está devaluado, los matrimonios están en caída libre, los divorcios disparados y la familia cada día más acosada por la cultura social y las políticas públicas.

Esta es la prioridad pastoral, según el cardenal Zen. ¿Dónde mejor se puede manifestar la Misericordia de Dios que en la familia?

Que tengas un excelente domingo. Un abrazo,

Luis Losada, director de Actuall y todo el equipo

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