A lo largo de los siglos, la Historia registra episodios sangrientos que, por pretender los tiranos extirpar las creencias de sus pueblos, cubrieron de vergüenza a los perseguidores.
Los casos más conocidos son los de Nerón persiguiendo cristianos en Roma, de Almanzor asesinando también cristianos durante la Reconquista, de Enrique VIII hostilizando hasta ponerlos al borde de la desesperación a los católicos irlandeses, de Hitler matando judíos durante la II Guerra Mundial y de Stalin y sus cómplices soviéticos asfixiando a quienes pedían libertad para practicar su religión.


Casos archiconocidos que no solamente han enriquecido las páginas de la Literatura Universal, sino que incluso han sido llevados al cine.
Sin embargo, ha habido persecuciones tanto o más sangrientas que las que acabamos de mencionar de las que casi nadie habla porque muy pocos conocen.
Concretamente, en esta ocasión hablaremos de la persecución que el presidente Plutarco Elías Calles emprendió contra los católicos mexicanos entre 1926 y 1929.
Repetimos: Episodio tan sangriento y vergonzoso hubiera quedado sepultado para siempre en el olvido si autores valientes no hubiesen tomado la iniciativa de darlo a conocer a pesar de que sabían muy bien que, de ese modo, ponían sus vidas en peligro.
Uno de ellos, que supo rescatar del olvido aquella persecución a la cual los católicos resistieron transformándola en gesta, fue Salvador Abascal quien durante décadas, tanto en la Editorial Jus como en la Editorial Tradición, tomó la tribuna para dar a conocer una tragedia que dio infinidad de héroes y de mártires.
No obstante, otra vez el boicot de silencio que se encargó de sabotear todo lo que publicaba Salvador Abascal.
Y es que, mediante un muy bien estudiado boicot de silencio, se pretendía hacer creer al común de la gente que lo que había sido una guerra del Estado contra el pueblo católico no había sido más que la pelea de un puñado de pobres diablos que se levantaron en armas porque exigían tierras para cultivarlas.
Fue hasta 1974 cuando Jean Meyer, historiador francés interesado en el tema, recorrió los lugares donde había tenido lugar la persecución, entrevistó a los ancianos supervivientes y se sumergió de lleno en los archivos.
Resultado: “La Cristiada”, magnífica obra contenida en tres tomos.
Y desde entonces han sido muchos los autores que han hecho del tema de la persecución religiosa en México uno de sus favoritos.
Más recientemente, tenemos el caso del historiador, abogado y filósofo argentino Javier Olivera Ravasi quien, en su obra “La contrarrevolución cristera” (Editorial Homo Legens) ofrece una versión pormenorizada de los hechos.
Ha sido tal el éxito de dicho trabajo que, hasta el momento, se han publicado ya dos ediciones: Una en España y otra en Argentina.
El prólogo de la edición española se lo debemos a Fray Santiago Cantera, O.S.B. ex prior de la Abadía de la Santa Cruz del Valle de los Caídos, quien califica la Cristiada con las siguientes frases:
“El movimiento cristero se quiso ver a sí mismo en línea de continuidad con los ideales de la Hispanidad, de la España católica que portó la fe en Cristo al Nuevo Mundo”
En este 2026 se cumple un siglo del inicio de aquella Cristiada mediante la cual México le demostró al mundo entero que aquel era un pueblo de valientes que -por defender su fe- estaba dispuesto a todo.
Que bueno fuera que quienes son expertos en el tema se dedicasen a divulgarlo por medio de conferencias, libros, artículos periodísticos y cuantos recursos nos ofrece la moderna tecnología.
Solamente de ese modo se haría justicia a héroes y santos olvidados que, en una época tan plagada de materialismo como es la nuestra, a todos nos pueden servir de ejemplo.
Por nuestra parte, ya desde ahora prometemos insistir en dar a conocer un acontecimiento grandioso que es digno de ser comparado por las epopeyas de Homero y de Virgilio.
