Hay que reconocerlo: la izquierda contemporánea ha perfeccionado un talento muy concreto. No es la gestión. No es la eficacia. No es la humildad. Es el arte del doble rasero con peinado institucional: gastar dinero de todos para empujar a una mujer hacia el aborto y, acto seguido, ponerse ofendidísima (cual doncella victoriana) cuando alguien reza por los niños que no llegaron a nacer.
No es una caricatura. Es un modelo de negocio político. Y tiene dos fases: una, crear “servicios” con dinero público para acompañar decisiones que ya son legales (pero que, casualmente, siempre hay que facilitar, promocionar, lubricar y normalizar aún más), y otra, perseguir moralmente (o al menos señalar) cualquier gesto público que recuerde que el aborto no es un trámite administrativo, sino un drama humano con dos víctimas.
La Eugenesia (buen nacimiento), palabra procedente del griego, Eu (bueno o buena) y Genesis (generación, origen, nacimiento), es una bella palabra si no fuera porque su significado ha sido prostituido desde hace más de un Siglo para significar según la RAE “Estudio y aplicación de las leyes biológicas de la herencia orientados al perfeccionamiento de la especie humana”, y convertida después en una palabra maldita que fue usada hasta el extremo, la muerte, de todos aquellos que no resultaban elegibles por su condición humana defectuosa y que molestaba a las elites ciudadanas del momento.
Con frases como, “tres generaciones de imbéciles son ya más que suficientes”, que dijo el juez Oliver Wendell Holmes, con infamia, refiriéndose a Carrie Buck, a su madre y a su hija. Carrie Buck, fue esterilizada en 1927 en el estado de Virginia, en los “civilizados” EEUU de América.
Alemania aprendió este mensaje y lo elevó a su máxima eficacia, fruto de la minuciosidad y de la capacidad de organización germánica. 400.000 personas esterilizadas forzosamente, 70.000 asesinados por T4 entre 1939 y 1941. 250.000 víctimas del programa de asesinatos de personas con discapacidad. 15.000 - 20.000 muertos en la primera fase del programa 14f13, y que después fue imposible contarlos con precisión. Hubo muchos mas. 6.000.000 de judíos asesinados en la “solución final”, y esto solo sin contar cientos de miles o millones de otras víctimas del infierno alemán. Lo llamaron Holocausto.
Tampoco se quedaron atrás países con la Unión Soviética y China. Stalin impuso la muerte por hambre de entre 3.000.000 y 7.000.000 (según la fuente) de ucranianos (El Holodomor). En lo que se llamó Eugenesia política y social (por no nombrar otras hambrunas provocadas). En China, solo por hablar de lo más conocido por todos, “la política de hijo único”, es el propio Estado chino quien reconoce que se evitaron 400.000.000 de nacimientos.

Ya bien entrado el siglo XX, y otra vez en los “civilizados” EEUU de América, desde 1973, con el caso Roe VS Wade han sido asesinados en todo el mundo más de 3.600.000.000 de niños indefensos en los vientres de sus madres. En este “civilizado” mundo de los siglos XX y lo que va del XXI. (Cifras oficiales del Instituto Guttmacher, Planned Parenthood por medio, y de la impasible “Organización de las Naciones Unidas”. Y todo el mundo tan contento. EL HOLOCUASTO FUE UNA FIESTA CAMPESTRE COMPARADO CON ESTO.
Pasados los años 1945 hasta 1973, al mundo le dio vergüenza la Eugenesia. La palabra fue maldicha y maldita. Desapareció de todos los sitios. Pero su forma de hacer y funcionar siguió, y sigue vigente. Podemos, y debemos hablar de la Nueva Eugenesia. Ya no hay policías, no hay Instituciones de internamiento, no hay jueces que te obliguen. Se ha vuelto mucho más silenciosa, pero más eficaz. La Eugenesia actual ha conseguido algo impensable a principios del siglo XX, que la víctima pida voluntariamente la Eutanasia, y entonces, los estados la han convertido en “derechos”. Estamos como al principio, pero mucho peor. LA EUGENESIA SIGUE VIVA, silenciosamente, PERO SIGUE INTENSAMENTE VIVA. Y sus partidarios son felices.
Dª Ana Redondo, D. Salvador Illa i Roca, La Asociación de Derechos Sexuales y Reproductivos, el Consell Nacional de Dones de Catalunya, D. Edoardo Verda, D, Enrico Ioculano, Dª Laura Amoretti y todos los políticos del actual Gobierno de España y de otros países Europeos, Americanos, Euro-Asiáticos, Asiáticos y de todo el mundo, con honrosísimas excepciones, son los NUEVOS LÍDERES DE LA EUGENESIA. ¡Vaya si sigue viva…!
Las dos noticias actuales que siguen, lo demuestran. Y si no, “pasen y vean”.
Según publica El Debate, el Ministerio de Igualdad, dirigido por Ana Redondo, ha adjudicado un contrato menor “de forma directa, es decir, a dedo” por 14.600 euros a la Asociación de Derechos Sexuales y Reproductivos para ofrecer “atención, información y acompañamiento individualizado” a mujeres que quieran abortar. El servicio se canaliza por WhatsApp y promete “atención diaria, cercana y constante”, gestionada por un “equipo multidisciplinar” social, psicológico y sanitario.
Es precioso, ¿verdad? La palabra “acompañamiento” suena a abrazo, a consuelo, a mano tendida. Pero aquí el acompañamiento tiene una dirección muy clara: hacia la salida. Acompañar, sí; pero al quirófano. “Cercana y constante”, como el marketing. ¿Lo siguiente qué es? ¿Un “plan amigo” con puntos canjeables? ¿Una newsletter semanal con consejos para “desdramatizar” el procedimiento?
Lo más interesante es el formato: WhatsApp. La revolución de la política pública: el Estado convertido en chat. El drama humano reducido a burbujas de texto y emojis de empatía. La intimidad convertida en servicio “resolutivo”. Y todo ello pagado por quien quizá no esté de acuerdo. Porque ese es el truco: no se busca consenso, se busca normalización.
Y por si faltaba guarnición, el artículo añade un detalle nada menor: la entidad adjudicataria está registrada como grupo de interés (lobby) ante la Generalitat de Cataluña, y participa en redes institucionales como el Consell Nacional de Dones de Catalunya. Vamos, que no hablamos de una asociación perdida en el bosque: hablamos de un actor político-social con interlocución y presencia.
¿Y dinero? También. Según El Debate, en 2025 habría recibido 254.753,43 euros de la Generalitat; y desde julio de 2022, 1.682.709,41 euros. Dinero público en abundancia. Lo de “chiringuito” lo dejamos para los demás; aquí lo llamamos “estructura de derechos”.
Ahora cambiamos de escenario. Italia, diócesis de Ventimiglia-San Remo. Allí, según Infovaticana, se instala una “Campana por los niños no nacidos” en la curia episcopal. Fue colocada el 28 de diciembre de 2025, coincidiendo con los Santos Inocentes. Lleva grabada la inscripción “A todos los niños no nacidos” y suena cada día a las 20:00.
Un símbolo. Un recordatorio. Una llamada a la oración. No un presupuesto. No un contrato. No una adjudicación. Ni siquiera un WhatsApp. Solo una campana. ¿Y qué hace la izquierda regional? Se indigna. Según el artículo, Edoardo Verda (Partido Democrático, concejal en Imperia) la califica de “propaganda moral” y de “intrusión intolerable” en un ámbito que (dice) corresponde a la autodeterminación de la mujer. Enrico Ioculano, consejero regional de Liguria, reprocha a la diócesis que “debería revisar sus prioridades”.
Aquí el sarcasmo se escribe solo: prioridades. Para algunos, “prioridad” es gastar dinero público para asegurar que el aborto sea más accesible, más amable y más “acompañado”. Pero la prioridad no puede ser (Dios nos libre) un gesto simbólico que recuerde que existe un niño que muere y una madre que sufre.
El obispo Antonio Suetta, además, aclara que la iniciativa no pretende atacar a las mujeres que han abortado. Al contrario: insiste en el dolor, en la carga, en la herida. Dice que el sonido está “al servicio de la vida” y no es una invectiva. Es decir: no está insultando a nadie; está rezando. Y ahí está, precisamente, el pecado imperdonable: no callarse.
La cosa sube de tono cuando, según Infovaticana, Laura Amoretti (consejera de Igualdad de Oportunidades de Liguria) envía una carta formal al Papa León XIV pidiendo que se pronuncie contra la iniciativa. Argumenta que la campana ha generado “preocupación y dolor”, y que crea “un clima de juicio y estigmatización” respecto a decisiones personales “legalmente reconocidas”.
Leamos despacio: se puede gastar dinero de todos para crear un canal de WhatsApp que acompaña el aborto de forma “cercana y constante”, pero no se puede tocar una campana a las 20:00 para rezar por los no nacidos porque eso “estigmatiza”.
La misma izquierda que vive de moralizar cada rincón de la vida pública (lenguaje, educación, cultura, medios, empresa, deporte) descubre de repente que la moral es intolerable… cuando no la controla ella.
Lo escandaloso no es que la Iglesia rece. Lo escandaloso es que alguien recuerde (en público) lo que el relato oficial intenta anestesiar: que el aborto no es una victoria, sino una tragedia; que no es “empoderamiento”, sino sangre y silencio; que no es un derecho celebrable, sino una derrota social que se intenta convertir en rutina.
Y, por cierto: la carta pide un pronunciamiento papal contra una campana. Es decir, se reclama al líder de una confesión religiosa que reprenda un gesto religioso… por respeto al Estado laico. La coherencia, esa gran desconocida.
El mecanismo es simple y se repite:
Se financia con dinero público (y se normaliza) lo que reduce la vida humana a una opción administrativa. Se etiqueta como “violencia” o “intrusión” cualquier recordatorio moral de que esa vida existía. Se acusa de “juicio” a quien reza, mientras se construye un aparato institucional para orientar decisiones en una sola dirección. Se presenta el disenso como amenaza: no puedes cuestionar el aborto sin ser sospechoso.
La izquierda pide pluralidad… hasta que aparece una campana. Pide respeto… hasta que alguien recuerda a los no nacidos. Pide libertad… hasta que la libertad consiste en pensar distinto. Estamos hartos de sus dobles, triples y cuádruples varas de medir según su miserable conveniencia.
Y mientras tanto, el dinero público circula como si fuera confeti, porque, claro, para esto siempre hay presupuesto: para “acompañar” abortos, para campanas, para estructuras, para redes, para lobbies legalizados. El Estado, en versión influencer, no educa: induce. No escucha: orienta. No protege: administra.
Una campana no obliga a nadie. No sanciona. No multa. No adjudica. No impone cuotas. Solo suena. Y, al sonar, recuerda. Eso es lo que irrita: el recordatorio. Porque el poder contemporáneo puede soportar casi cualquier cosa menos una memoria que no controla.
Por eso la izquierda se permite gastar dinero de todos para montar “acompañamientos” pro-aborto y, al mismo tiempo, se descompone ante un acto de oración. No es que tenga la piel fina: es que tiene miedo a la conciencia.
No tengáis miedo. llamad al aborto, a la eutanasia y a la fecundación in vitro, EUGENESIA.
Y CUANDO UN SISTEMA TEME A UNA CAMPANA, ES QUE LA CAMPANA ESTÁ DICIENDO UNA VERDAD DEMASIADO ALTA. DEBERÍAMOS HACER MÁS CAMPANAS DE ESTAS…
Carmelo Alvarez Fernandez de Gamarra, Colaborador de ENRAIZADOS
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