Una vez depuesto y encarcelado el narcotraficante Nicolás Maduro, se han oído diversas opiniones aventurando lo que podría ocurrir en Hispanoamérica en un futuro inmediato.
Que si el colombiano Gustavo Petro está temblando porque podría pasarle lo mismo…Que los narcos mexicanos, ya sin el apoyo de Maduro, serán pronto exterminados…Que la dictadura castro comunista tiene ya sus días contados…Que Pedro Sánchez, al perder a un aliado tan valioso, convocará pronto a elecciones…

El régimen de Ortega-Murillo ha expulsado a decenas de sacerdortes, ha roto relaciones diplomáticas con la Santa Sede y ha forzado el exilio de Mons. Rolando Álvarez
Sin embargo, casi nadie habla de Nicaragua, un pequeño país centroamericano situado en la cintura del continente y que padece una dictadura asesina mucho peor que la de Maduro.
Nicaragua es un país de la América central cuyas costas son bañadas tanto por el Océano Pacífico como por el Mar Caribe.
Nicaragua padeció durante décadas la dictadura de la familia Somoza deseando liberarse de la misma a cualquier precio. Hubo un tiempo en que se hizo famosa una frase muy significativa: “Mejor que Somoza cualquier cosa”
El descrédito de dicha dictadura fue en aumento hasta que los rebeldes sandinistas -apoyados por el presidente norteamericano Jimmy Carter- derrocaron al presidente Anastasio Somoza en julio de 1979.
Fue entonces cuando se impuso un grupo radical, encabezado por Daniel Ortega, cuya primera medida fue establecer una alianza con Fidel Castro e imponiendo una dictadura de corte marxista.
Al ver el rumbo que tomaba el país, surgieron guerrillas conocidas como la “contra” nicaragüense que -apoyadas ahora por el presidente Ronald Reagan- pusieron en jaque al régimen sandinista obligándolo a convocar unas elecciones que ganó holgadamente Violeta Chamorro.
Aparentemente, Nicaragua se había liberado del comunismo y en el país, junto con las libertades perdidas, cobró auge la libre empresa.
Desgraciadamente, los gobiernos que vinieron después cayeron en la corrupción y se volvieron tan impopulares que el pueblo volvió a pedir a gritos un cambio.
Desesperados, los nicaragüenses votaron por los sandinistas quienes, encabezados nuevamente por Daniel Ortega, regresaron al poder.
No hay duda: Aquellos pueblos que no aprenden las lecciones de la Historia se ven condenados a repetirla.
Daniel Ortega, junto con su esposa la vicepresidenta Rosario Murillo, volvió a las andadas o sea que restringió libertades, encarceló y desterró a los opositores, hostilizó a los empresarios, dejó sin voz a los medios de comunicación y se mantuvo en el poder mediante unas elecciones fraudulentas tras las cuales -después de una represión a sangre y fuego- desterró a los principales candidatos de la oposición.
Una auténtica dictadura marxista al estilo de la padecida durante la Guerra Fría por los países que se hallaban tras el Telón de Acero.
Y por si todo lo anterior no bastase, la copresidencia Ortega-Murillo atacó lo más sagrado que tiene el pueblo nicaragüense: su fe católica.
Prueba de ello han sido sus enfrentamientos con la Iglesia al expulsar al Nuncio, romper relaciones con la Santa Sede, desterrar a 176 sacerdotes y encarcelar a Monseñor Rolando Álvarez, obispo de Matagalpa, quien se había convertido en una piedra en el zapato de Daniel Ortega.
Finalmente, debido a presiones del Vaticano el obispo de Matagalpa tuvo que abandonar el país.
Una rabiosa persecución anticatólica comparable a la de la Roma de Diocleciano o del México de Calles hace un siglo.
El Papa Francisco llegó a condenar la dictadura sandinista calificándola de “dictadura grosera” y afirmando que lo que está ocurriendo en el país centroamericano es comparable a la dictadura implantada por Lenin en Rusia en 1917 y por Hitler en Alemania en 1935.
En fin, que, tras lo ocurrido con Maduro en Venezuela, hay quienes opinan y verían con simpatía que Donald Trump liberase también Nicaragua.
La situación es diferente por una muy importante razón: A diferencia de Venezuela, Nicaragua no tiene petróleo y esto desanima a Trump.
No obstante, todo depende de que tan rápido se vaya restaurando la Democracia en Venezuela pues si eso ocurriese pronto, ninguna duda tendríamos de que Trump, al no ver con simpatía a los sandinistas, estaría dispuesto a lo que fuera para liberar Nicaragua.
