Fue a principios de los años 60s. del siglo pasado cuando en Hispanoamérica se hizo popular la siguiente frase:
“Cuba es el mayor país del mundo. Tiene su capital en La Habana, su gobierno en Moscú y su población en los Estados Unidos”
Apenas unos cuantos años antes (Enero de 1959) Fidel Castro había tomado el poder en Cuba implantando el comunismo.
Efectivamente, La Habana seguía siendo la capital del país y Fidel, como dócil militante marxista, obedecía ciegamente las órdenes que le llegaban desde Moscú, capital de la Unión Soviética.
Consecuencia de todo ello, una dictadura atroz que perseguía toda disidencia fusilando a más de siete mil personas y empobreciendo a la población tras haber acabado con la iniciativa privada.
Una dictadura que -por lo que arriba hemos dicho- provocó que más de dos millones de cubanos huyesen refugiándose en los Estados Unidos.
Era tal la desesperación que padecían que, al no poder hacerlo por la vía legal, muchos de ellos se embarcaban en frágiles lanchas que naufragaban convirtiendo a sus tripulantes en alimento de tiburones.
Miles de cubanos se establecieron -por su cercanía con la patria- en Miami y fue tal la cantidad que muy pronto dicha ciudad fue conocida como “La Nueva Habana”

A una de esas familias cubanas desterradas pertenece Marco Rubio, actual secretario de Estado de los Estados Unidos.
¿Cuál es la causa de que hayan huido millones de cubanos?
La misma por la cual ocho millones de venezolanos han huido de la dictadura chavista.
Y es que -aparte de carecer de las más elementales libertades- quienes viven bajo regímenes socialistas (actualmente se llaman populistas) sienten que trabajan de balde y sin ningún aliciente.
Al ver como todos sus esfuerzos resultan tan inútiles como echar agua en el mar, los afectados buscar en otras latitudes un futuro más prometedor.
Un futuro más prometedor que se base en el respeto a la libre empresa por ser ésta la que produce riqueza, crea empleos y paga impuestos.
El propietario de una fábrica de camisas crea riqueza en el momento en que produce camisas, da de comer a las decenas o cientos de trabajadores que le ayudan y paga impuestos con los cuales el gobierno puede construir autopistas, escuelas, hospitales, etc. Etc.
Los profetas del socialismo mucho insisten en que hay que repartir la riqueza para que todos disfrutemos de sus beneficios.
Suena atractivo. Sin embargo, en el momento en que los socialistas hostilizan a quienes producen riqueza, crean empleos y pagan impuestos; en ese momento ya no queda nada que repartir.
Lo único que se puede repartir -suena irónico, pero es real- es miseria.
Pues bien, esa miseria que engendra un socialismo que engañó prometiendo riqueza es la causante de las crisis tanto cubana como venezolana, así como del creciente descontento que en España existe en contra del gobierno de Pedro Sánchez.
Y es que el socialista-populista Pedro Sánchez -durante siete largos años- se ha dedicado a hacerle la vida imposible a los empresarios causando con ello un desempleo atroz que condena a sus víctimas a caer en la tentación de convertirse en delincuentes.
Ni duda cabe que el hambre es muy mala consejera y quien no tiene un pedazo de pan para llevarse a la boca es capaz de cometer las peores locuras.
Aunque solamente sea por eso -por privar del derecho al trabajo a los españoles- el gobierno de Pedro Sánchez es un gobierno ilegítimo que no respeta los principios elementales del Derecho Natural.
Otros gobiernos ilegítimos que han violado los principios básicos del Derecho Natural son el castro comunista en Cuba y el chavista en Venezuela.
Afortunadamente, todo parece indicar que tanto cubanos como venezolanos acabarán liberándose de sus dictadores.
¿Ocurrirá lo mismo en España?
