Existen naciones en las que se da la circunstancia de que en el mismo día se celebren una fiesta religiosa junto con una festividad patriótica.

Como ejemplo tenemos España donde el 12 de octubre se celebra a la Virgen del Pilar junto con el Día de las Fuerzas Armadas.

En México se da también la circunstancia de que el 12 de diciembre se celebre a la Virgen de Guadalupe, advocación mariana que para los mexicanos tiene más importancia que la más relevante fiesta patriótica.

Y es que en México se considera que jamás podrá ser buen mexicano quien no es buen guadalupano.

Otra nación es Irlanda que cada 17 de marzo celebra a San Patricio dándose la circunstancia de que también los irlandeses celebren una fiesta nacional junto con una fiesta patriótica.

San Patricio es el santo más venerado por los irlandeses. San Patricio fue el misionero que en el siglo V predicó el Evangelio en la Isla Esmeralda, nombre con que en aquellos tiempos era conocida Irlanda debido al fresco verdor de sus campos.

El misionero recurrió a la hoja del trébol para explicarles a los rubios celtas el Misterio de la Santísima Trinidad. Desde entonces el trébol se convirtió en el símbolo del pueblo irlandés.

Y desde entonces la Fe de Cristo e Irlanda permanecen tan unidos como las dos caras de una misma moneda.

En muy pocos años, Irlanda se transformó en un gigantesco monasterio desde el cual se enviaban monjes al resto de Europa. Esa fue la razón por la cual Irlanda fuese llamada la Isla de los Santos.

Y mientras Europa sufría mil penalidades, Irlanda oraba y trabajaba.

 Una santa paz monacal que terminó trágicamente ya que en el siglo XVI, a raíz de que Enrique VIII de Inglaterra rompe con Roma y funda la Iglesia Anglicana, los ingleses invaden Irlanda imponiendo el protestantismo.

A partir de entonces, los invasores ingleses serían protestantes perseguidores, lo que provocó una heroica resistencia por parte de los católicos irlandeses.

Luchas sangrientas, saqueos, incendios, violaciones, mil calamidades…Irlanda ardió por los cuatro costados durante más de tres siglos.

Debido al clima de intolerancia religiosa, miles de irlandeses emigraron a los Estados Unidos, país que los recibió con los brazos abiertos.

Significativa coincidencia: Dos pueblos de raíces celtas como son el gallego y el irlandés -debido a la mala situación en sus países de origen- se vieron obligados a emigrar.

Tal parece que la emigración es una constante que distingue a los pueblos celtas.

Gallegos e irlandeses son la muestra evidente de como dichas comunidades, con tal de salir adelante, no les importa sufrir las peores vicisitudes.

Galicia e Irlanda dos territorios a los que caracteriza el verdor de sus campos, el instinto emigrante de sus habitantes y -curiosa coincidencia- que sus respectivos pueblos tengan la gaita como principal instrumento folklórico.

El catolicismo llevado por los emigrantes irlandeses a Norteamérica creció de tal modo que muy pronto hubo necesidad de que dicha comunidad contase con una catedral.

Y fue así como, en 1858, en plena Quinta Avenida de Nueva York (entre las calles 50 y 51) se puso la primera piedra de dicha catedral la cual fue consagrada el 25 de mayo de 1879.

Es de estilo gótico, sus torres miden cien metros, la fachada es de mármol blanco y -no podía ser de otro modo- está dedicada a San Patricio, patrón tanto de Irlanda como de los irlandeses residentes en los Estados Unidos.

Y es así como uno de los acontecimientos más espectaculares que año con año tiene lugar en la ciudad de los rascacielos es el que se lleva a cabo el 17 de marzo.

A lo largo de la Quinta Avenida y frente a la Catedral de San Patricio, desfilan miles de personas ataviadas con trajes folklóricos que recuerdan sus lugares de origen.

Una gran fiesta, que aunque tiene sus raíces en la lejana Irlanda, forma ya parte de una de las mejores tradiciones de los Estados Unidos.

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