La comisión canónica del sínodo ha elaborado una propuesta de reforma del Código Canónico para dar más peso al papel de los laicos. Obviamente se mantiene la autoridad de los obispos pero se permite que delegue determinadas funciones en laicos.
La decisión choca con la inercia eclesial de la Iglesia, pero sería razonable siempre que haya garantías de fidelidad a la fe de la Iglesia y sometimiento a la autoridad eclesiástica.
Pero es obvio que muchas labores realizadas actualmente por clérigos serían realizadas con mayor eficacia por laicos especializados. Desde la contabilidad de las parroquias a la gestión de fundaciones o asociaciones o la gestión de la diócesis.
La reforma permitiría “profesionalizar” a la Iglesia. Si se plantea bien, en realidad no se trataría de dejar espacio a los laicos sino de liberar a los presbíteros de labores impropias para que puedan centrar su actividad en su misión: los sacramentos, la predicación y el acompañamiento espiritual.

En realidad esto ya se está practicando sin reforma canónica porque los curas con más vocación se han rodeado de laicos para labores que no son propiamente sacerdotales. Es lo que ocurre con la figura de los ‘consiliarios’ de las congregaciones marianas, la supervisión eclesiástica de la labor laical de la Asociación Católica de Propagandistas o los colegios de Fomento dirigidos por padres y profesores y atendidos espiritualmente por sacerdotes de la Obra. Muchas diócesis ya cuentan con abogados y economistas de confianza para la gestión de sus asuntos. La reforma propuesta trata de dar un impulso a estas mejores prácticas.
Obviamente existe el riesgo de olvidar la autoridad del presbítero. O incluso de asumir una misión que no les corresponde. En Suiza, por ejemplo, los laicos llevan desde el 2005 dando las homilías. En Alemania insisten tras el rechazo del Vaticano.
Pero el riesgo fundamental es que el laico interprete a la Iglesia como una empresa que hay que gestionar con eficiencia olvidando la misericordia y la mansedumbre al Espíritu.
La clave es que todos asumamos que la nave de Pedro debe ser regida por el Espíritu y que nuestra función consiste en remar cuando se puede y no molestar cuando no se puede.
El punto más polémico -en mi opinión- es la propuesta de que haya consejos pastorales en todas las parroquias y sínodos diocesanos cada 10 años. Probablemente el objetivo es forzar la consulta y la escucha. Pero el riesgo de burocratizar a la Iglesia es muy elevado. Y ‘a los curas que no creen en Dios, Dios les castiga con reuniones’...
Probablemente es más sensato recomendar a los sacerdotes que tengan el despacho y el móvil siempre abierto, que establezcan cauces de escucha y consulta eficaces y que haya espacios de compartir en asamblea, pero sin la rigidez de estructuras y plazos. Puede que sea en el marco de una romería o de una misa de comienzo de curso o con ocasión de las primeras comuniones. Forzar la burocracia no enciende el corazón; al contrario, lo agosta.
En todo caso, la propuesta de la comisión es sólo una propuesta. Así que veremos lo que finalmente apruebe el papa León XIV.
Que tengas un excelente domingo en familia. Un abrazo,
Luis Losada, director de Actuall y todo el equipo
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