La encíclica ‘Magnifica Humanitas’ es la primera encíclica del Papa y es una encíclica programática, que marca todo su pontificado. No sólo la dirige a todos los hombres de buena voluntad, sino que ha tratado de integrarlos en este reto que afronta la humanidad con la IA.
En el texto plantea la disyuntiva entre la torre de Babel y la muralla de Jerusalén. Babel simboliza el orgullo del hombre que se cree Dios, que no necesita de la trascendencia y que sin consultar a nadie decide construir la torre más alta del mundo. El resultado es el caos. La muralla de Jerusalén, sin embargo, es reconstruida sobre la base del consenso de todos, del proyecto compartido y del esfuerzo comunitario. A eso es a lo que nos anima el Papa León XIV.
Tras leer con atención la encíclica, se nos ha ocurrido desgranar en forma de entrevista ficticia con la IA. ¿Qué contestaría el Papa León XIV a la luz de su encíclica a las dudas que non han surgido? Este es el resultado:
Pregunta. En la encíclica Magnifica Humanitas advierte de los riesgos de la IA y, en general, de las plataformas tecnológicas: acumulación de datos en unos pocos, responsabilidad diluída, pensamiento atrofiado y ausencia de voluntad o afecto. Sin embargo, apenas menciona las posibilidades que abren: democratización del conocimiento, economía de la abundancia, mejoras de la productividad o elevación profesional de los trabajadores. ¿Por qué?
León XIV. Porque esas posibilidades ya cuentan con muchos defensores. Mi misión no consiste en repetir el entusiasmo dominante, sino en señalar aquello que corre el riesgo de quedar olvidado. La Iglesia no está contra la tecnología. De hecho, la encíclica reconoce explícitamente sus beneficios. Pero cuando una civilización se enamora de una herramienta, suele perder la capacidad de ver sus costes humanos. Mi preocupación es recordar que el progreso técnico no equivale automáticamente al progreso humano. Una sociedad puede ser más eficiente y, al mismo tiempo, más sola; más rica y, al mismo tiempo, más vulnerable.
Pregunta. Usted hace referencia en varias ocasiones a la falta de participación en las grandes decisiones. Sin embargo, las plataformas se van conformando en función de millones de decisiones individuales. Lo mismo ocurre con blockchain. Y eso no sólo es más eficiente, sino también más participativo, ¿no le parece?
León XIV. Hay una diferencia importante entre participar y ser consultado mediante datos. Que una plataforma recoja millones de comportamientos no significa que exista una verdadera deliberación sobre los fines comunes. La participación política y social exige responsabilidad, diálogo y conciencia. Los algoritmos pueden registrar preferencias; pero no pueden sustituir la reflexión moral de una comunidad. Blockchain o determinadas arquitecturas descentralizadas pueden aportar elementos muy positivos. La cuestión es siempre la misma: ¿a qué visión de la persona sirven?

Imagen de la ‘entrevista’ realizada por IA
Pregunta. Es verdad que la IA tiene el riesgo de destruir empleos. Pero también lo tuvieron la máquina de vapor y la digitalización. Y gracias a la tecnología hemos mejorado nuestro bienestar y nuestras condiciones de trabajo. Quizás las nuevas jornadas sean de cuatro días y se despliegue una economía del ocio. ¿No es un avance para la humanidad?
León XIV. Puede serlo. Ojalá lo sea. Pero el problema no es únicamente cuánto trabajamos, sino qué papel desempeña el trabajo en nuestra vida. El trabajo no es sólo una fuente de renta; es también participación, creatividad, servicio y reconocimiento social. Si la tecnología libera tiempo, debemos preguntarnos para qué lo libera. La cuestión no es simplemente producir más con menos esfuerzo, sino ayudar a que el ser humano viva mejor, ame mejor y construya mejor comunidad.
Pregunta. La encíclica hace referencia al riesgo de nuevas exclusiones. Sin embargo, la tecnología ha permitido sacar de la miseria a millones de personas en las últimas décadas. El hambre en el mundo es hoy mucho menor que hace generaciones. ¿No merece ese éxito ser puesto más en valor?
León XIV. Sin duda merece ser reconocido. Sería injusto negar los inmensos avances logrados por la ciencia, la economía y la innovación tecnológica. Pero precisamente porque hemos sido capaces de reducir antiguas pobrezas, debemos estar atentos a las nuevas. La exclusión contemporánea no siempre consiste en morir de hambre. A veces consiste en quedar fuera de los circuitos de decisión, de conocimiento o de reconocimiento social. El progreso auténtico es aquel que integra a todos.
Pregunta. Usted advierte del riesgo de que los algoritmos creen nuevas bolsas de marginalidad. Pero las empresas deben buscar la eficacia; ésa es precisamente su forma de servir a la sociedad. Introducir la misericordia en el mundo empresarial podría incluso desnaturalizarlo. ¿No le parece?
León XIV. La eficacia es una virtud. El desperdicio de recursos también es una injusticia. Pero cuando la eficacia se convierte en el único criterio, terminamos evaluando a las personas como si fueran piezas intercambiables. La misericordia no consiste en destruir la racionalidad económica. Consiste en recordar que el ser humano nunca puede ser reducido a una variable de cálculo. Las empresas más fuertes a largo plazo suelen ser aquellas que comprenden esta verdad.
Pregunta. Usted apela directamente a "desarmar" la IA. ¿Qué quiere decir exactamente? ¿Que la IA no entre en la industria militar? ¿Que las guerras no se decidan automáticamente? ¿Que debemos humanizarla desde dentro?
León XIV. Significa varias cosas a la vez. Significa impedir que sistemas autónomos decidan sobre la vida o la muerte de seres humanos. Significa evitar una carrera armamentística basada en algoritmos. Significa también desarmar la lógica cultural que presenta toda capacidad técnica como moralmente obligatoria. La pregunta no es sólo qué puede hacer una máquina, sino qué debe hacer.
Pregunta. En la encíclica hace referencia en varias ocasiones a la ONU como espacio privilegiado para afrontar estos retos. ¿No tiene la sensación de que su hiper ideologización la incapacita para ello?
León XIV. Ninguna institución humana está libre de limitaciones. Tampoco la Iglesia. Pero los desafíos globales requieren ámbitos globales de diálogo. Mi defensa de los organismos internacionales no implica una aprobación acrítica de su funcionamiento actual. Significa simplemente reconocer que problemas planetarios exigen algún tipo de gobernanza compartida. La alternativa suele ser la ley del más fuerte.
Pregunta. En un momento usted apela a fomentar los encuentros físicos. Quizás porque la tecnología es muy eficiente, pero no sustituye al cuerpo. Esa dualidad humana de cuerpo y alma apenas aparece explícitamente en el texto. ¿No habría ayudado a entender mejor los límites de la tecnología?
León XIV. Es una observación interesante. En realidad, toda la encíclica descansa sobre una visión encarnada de la persona. El ser humano no es una conciencia flotante ni una colección de datos. Somos seres corporales llamados a la relación. Por eso ningún intercambio digital puede sustituir completamente una mirada, una presencia, una familia, una amistad o una comunidad concreta.
Pregunta. Me ha parecido muy interesante su apelación a comprometernos en aquello que podamos cambiar, aunque parezca insignificante. Lo contrario sería la rendición.
León XIV. Exactamente. El mal crece cuando las personas buenas se convencen de que nada depende de ellas. La esperanza cristiana no es optimismo ingenuo. Es la certeza de que ningún acto de amor, por pequeño que sea, resulta inútil.

Pregunta. También me ha parecido muy sugerente su reflexión de que las ayudas a los pobres no pueden eternizarse porque lo digno es ganarse el pan. ¿No cree que algunos Estados del bienestar han caído en la tentación de alimentar bolsas de dependencia para generar clientelismo electoral?
León XIV. La doctrina social de la Iglesia siempre ha defendido simultáneamente la solidaridad y la responsabilidad. Una sociedad justa debe ayudar a quien cae. Pero también debe crear condiciones para que pueda volver a levantarse. Cuando la ayuda sustituye permanentemente a la participación, algo esencial se rompe. Ahora bien, corresponde a los ciudadanos discernir cuándo una política social responde a la justicia y cuándo responde a intereses de poder.
Pregunta. Por último, hay un momento en la encíclica en que usted denuncia el recurso al conflicto armado para gestionar cínicamente problemas internos. ¿Se refiere a Estados Unidos?
León XIV. No. Sería demasiado fácil señalar a un único país. La tentación de utilizar enemigos externos para ocultar fracturas internas pertenece a muchas épocas, culturas y sistemas políticos. Mi advertencia no iba dirigida a una nación concreta, sino a una lógica de poder que reaparece una y otra vez en la historia. Cuando una guerra se convierte en instrumento de cohesión política interna, la dignidad humana ya ha comenzado a ser derrotada.
Lo mejor, por supuesto, leer el texto original de la encíclica: https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/encyclicals/documents/20260515-magnifica-humanitas.html
Espero que esta ‘entrevista’ te haya servicio de incentivo para leer la encíclica y conocer un poco mejor al papa que nos visitara en pocos días.
Un abrazo,
Luis Losada, director de Actuall y todo el equipo
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