Siempre hay un Asterix que se resiste a los romanos. El pasado noviembre de 2025 el Tribunal de Justicia de la UE (TJUE) resolvió que los estados miembros debían de registrar los ‘matrimonios’ homosexuales registrados en otros estados miembros. Argumentaban que no hacerlo dificultaba la libre circulación entre ciudadanos europeos y sería contrario a la no discriminación por razón de sexo.
Al mismo tiempo, el TJUE reconoce que la competencia del registro civil es nacional y que su decisión no implica imponer el ‘matrimonio’ gay en toda la UE.
En realidad, sí que lo implica. Obviamente. Porque si puedes contraer matrimonio en otro estado miembro y ese ‘matrimonio’ imposible en tu país se convierte en posible, es obvio que es una legalización encubierta.
Y peor: una violación abierta de la soberanía nacional.

Por eso Eslovaquia ha dicho que no. Porque además, poco antes de la sentencia del TJUE, en septiembre de 2025, el Parlamento eslovaco aprobó una reforma constitucional por la que reforzaba el matrimonio entre un hombre y una mujer impidiendo la posibilidad de adopción de parejas homosexuales y la maternidad subrogada. Fueron las reformas de los artículos 7.6 y 7.7 de la Constitución eslovaca.
La sentencia de noviembre del TJUE contradice abiertamente la reforma constitucional de septiembre de 2025. ¿Quién prima, el TJUE o la Constitución nacional? Esta fue la pregunta que formuló el Tribunal Supremo polaco con la conclusión de que las restricciones al registro civil de matrimonios homosexuales celebrados en otros estados miembros eran “contrarias al derecho comunitario”.
Obviamente eso contradice que las competencias de matrimonio y familia sean nacionales y el principio de subsidiariedad reconocido en el Tratado de Funcionamiento de la UE. Pero contradice además el sentido común. Porque si algo prohibido en A es permitido en B y A está obligado a aceptarlo, es obvio que la prohibición de A queda anulada.
Por eso también el Constitucional polaco ha resuelto recientemente que la norma que establecía la obligación de reconocer ‘matrimonios’ homosexuales contraídos en otros estados miembros es inconstitucional. ¡Bien!
Y en este caso, hablamos de algo tan sensible como la definición de matrimonio. ¿Por qué la UE se mete en un asunto tan íntimo y no comunitario?
Este es el debate abierto por Eslovaquia. La posición firme de su primer ministro, Robert Fico, le enorgullece. Porque su obligación es defender la Constitución. Y la soberanía. Y el matrimonio.
Ahora cabe esperar todo tipo de presiones. Como las sufridas por Polonia y Hungría por cuestiones similares. Porque la UE no tolera la disidencia. Y menos en temas tan ideológicos como la agenda LGTB.
Esperemos que Eslovaquia no se doble y que su firmeza permita revisar un criterio absolutamente contrario a la subsidiariedad y al respeto de la soberanía e idiosincrasia de los estados.
¡Gracias Eslovaquia!, ¡y gracias Polonia!
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Un abrazo,
Luis Losada, director de Actuall y todo el equipo
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