La terquedad de Pedro Sánchez de mantenerse a como dé lugar en el poder es algo que no debe extrañarnos pues ya lo advirtió hace más de un siglo Pablo Iglesias, el fundador del PSOE.
Efectivamente, el fundador de dicho partido, haciendo alarde de cinismo, llegó a decir que se mantendrían dentro de la legalidad mientras esa legalidad favoreciese a sus intereses, pero fuera de la legalidad en el momento en que la misma fuese un obstáculo a sus planes.
Eso explica el que, con tal de llegar al poder, a los socialistas no les importe contrariar sus principios totalitarios, adaptarse a las leyes vigentes y -gracias a ello- tomar el mando.
Ahora bien, una vez en el poder, si las leyes o de modo más exacto el sistema constitucional se convierte en un obstáculo, lo primero que hacen los socialistas es atacar y modificar todo el entramado legislativo.
“El fin justifica los medios” dijo Maquiavelo hace más de medio milenio y, al proceder de este modo, los socialistas demuestran ser sus más fieles discípulos.
No olvidemos que, tanto con la frase citada como con todo lo que expone en “El Príncipe”, Maquiavelo divorció la Ética de la Política.
A partir de ese divorcio entre Ética y Política, empezó a verse como lo más normal que los políticos -con tal de conquistar y afianzarse en el poder- actuasen de manera inmoral violando los principios básicos de la convivencia humana.
A partir de entonces, a los políticos no les importó mentir, robar, calumniar e incluso eliminar físicamente a sus adversarios con tal de lograr sus fines.
Eso fue lo que anunció el fundador del PSOE hace más de un siglo.
Eso es lo que hace diariamente un Pedro Sánchez que, si hubiera vivido a fines del siglo XV, hubiera tenido en Maquiavelo al uno de sus discípulos más aventajados.
A lo largo de toda la historia de España, jamás se había visto el caso de un sujeto que tal parece que está atornillado a La Moncloa y que no piensa salir de dicha mansión a pesar del evidente y creciente repudio popular.

¿Cómo es posible que Pedro Sánchez continúe como presidente de gobierno a pesar de que consiguió dicho cargo sin haber ganado una elección?
La única elección ganada por Pedro es la interna del PSOE y eso es algo discutible puesto que Susana Díaz, contra quien entonces compitió, alegó que la habían hecho fraude.
El sistema electoral español no le da el triunfo a quien gana las elecciones sino más bien a quien tiene la habilidad de pactar una serie de alianzas que le permitan alcanzar los 176 escaños.
Ese es el caso de Pedro. Jamás votó el pueblo por él. Su cargo lo tiene gracias a que, con engaños y falsas promesas, ha logrado el apoyo de una serie de pequeños partidos que poco pesan dentro del escenario político nacional.
¿Cómo es posible que se mantenga en su cargo un sujeto que, tras la tragedia de Adamuz, no tuvo cara para presentarse ante los familiares de las víctimas y darles el necesario consuelo?
¿Cómo es posible que dicho elemento se esconda o viaje al extranjero justo cuando su presencia en público es más necesaria que nunca?
¿Cómo es posible que continúe en su cargo quien, con sus disposiciones, ha dejado en la ruina a miles de pequeños empresarios (autónomos) y por lo tanto sin empleo a miles de trabajadores?
¿Es así, dejando sin empleos a la clase obrera, como los socialistas manifiestan su apoyo a los proletarios?
Cada vez nos convencemos más de que es más fácil salir de una dictadura de derechas (Por ejemplo: Pinochet entregó el poder tras haber perdido un referéndum) que de una dictadura de izquierda.
Cuando las izquierdas -llámense socialistas, comunistas, anarquistas o populistas- llegan al poder se aferran al mismo con uñas y dientes.
Es un instinto totalitario que está en su ADN.
Eso explica la terquedad de Pedro al negarse a convocar a elecciones. ¿Dónde quedó su respeto a la voluntad popular?
¿Acaso tiene la conciencia tan sucia que teme que, una vez perdido el poder, pudiera pasarle lo mismo que a Maduro?
España se hunde cada vez más en el pantano. España no puede seguir así…
