En días pasados, en la Ciudad Condal de Barcelona, tuvo lugar un acontecimiento que se celebró por todo lo alto.

Después de ciento cuarenta y tres años de que el arquitecto Antonio Gaudí iniciara la construcción del templo de la Sagrada Familia, se logró llegar al momento culminante de la obra al colocar la Cruz que corona templo tan majestuoso.

Antonio Gaudí, español de origen catalán, no es un artista cualquiera. Nada eso, es todo un talento que ha sabido tomar conciencia de los talentos que Dios le prestó y -lo más importante- hacerlos fructificar al ciento por uno. 

Antonio Gaudí, quien está en proceso de beatificación y que muy pronto será venerado como santo en los altares, era un hombre profundamente religioso que decidió honrar a Dios haciendo de sus obras (especialmente la Sagrada Familia de Barcelona) todo un motivo de espiritualidad.

En tanto que otros artistas se dedican al Arte por el arte lo cual implica una soberbia desmesurada; Gaudí fue mucho más allá al hacer Arte por la idea o sea aprovechar cuanta circunstancia se le presentaba no solamente para dar gloria a Dios sino para que quienes admiraban la belleza de sus creaciones tuviesen un motivo más para adorar a ese Dios a quien todo se lo deben y que nos protege noche y día.

Y el Buen Dios, siempre que esto ocurre, suele premiar al artista -sea pintor, escultor, literato, etc- inspirándolo para que autor tan piadoso realice las obras más bellas que han enriquecido el Arte universal de todos los tiempos. 

Ese ha sido el caso de Gaudí con su Sagrada Familia. Ese ha sido el caso del pintor Murillo también con otra Sagrada Familia, en este caso con la Sagrada Familia del pajarito que podemos admirar en el Museo del Prado de Madrid.

El artista católico, al comprender como la belleza salida de sus manos no tiene otro origen que una inspiración venida desde lo Alto, no le queda otro recurso que ponerse de rodillas dando gracias a Dios por ser uno de sus privilegiados.

Esa fue la actitud asumida por el Maestro Mateo, autor del Pórtico de la Gloria que se encuentra en la catedral de Santiago de Compostela. Arrodillado y mirando hacia el Altar Mayor, el Maestro Mateo da gracias a Dios tanto por haber culminado su obra como por la maravillosa creación que salió de sus manos

El hecho de que la Sagrada Familia de Gaudí se encuentre rematada por la Cruz es una de las mejores noticias de los últimos tiempos pues significa que los símbolos de la España Eterna siguen siendo la Cruz y la Espada y que ambos símbolos están unidos como lo están las dos caras de una misma moneda.

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