La balacera que se desató hace días con motivo de una cena celebrada en el Hotel Hilton de Washington en honor de los corresponsales en la Casa Blanca hizo meditar a muchos.
Y es que, en medio de la confusión, elementos de seguridad se apresuraron a poner a salvo tanto al presidente Donald Trump como al vicepresidente J.D. Vance.
Si decimos que muchos se pusieron a pensar fue porque, ante un posible asesinato del presidente, la Constitución dispone de que inmediato sea sustituido por el vicepresidente o sea que, si Trump fallecía, Vance pasaría a ocupar su lugar.
La vicepresidencia de los Estados Unidos tiene esa función: sustituir al presidente en caso de falta absoluta.

Durante mucho tiempo, el cargo de vicepresidente era visto con el mismo desdén con que se ve a la llanta de refacción de un automóvil que solamente sirve cuando alguna de las otras cuatro queda inservible.
Hace muchos años, en los Estados Unidos circulaba un chiste en el cual una anciana recluida en un asilo comentaba con amargo humor sajón:
-Tuve dos hijos y jamás volví a saber de ellos. Uno fue marino, el otro vicepresidente…
“La vicepresidencia”, dice el escritor norteamericano Clinton H. Rossiter, “es como la concha vacía de un oficio, a cuyo puesto no aspira prácticamente nadie de quienes nos gustaría ver hechos presidentes”
Un puesto completamente anodino y que por lo general es ocupado por elementos mediocres, cuya única función consiste en presidir el Senado y emitir un voto de desempate; por lo demás no tiene otra función que la de sustituir al presidente en caso de muerte o incapacidad.
Según esto, el vicepresidente está investido de dos poderes:
*Uno en “esse” refiriéndonos a que el titular ES vicepresidente.
*Otro en “posse” que sería la facultad de PODER SER presidente.
Cargo totalmente gris y secundario el del vicepresidente puesto que el secretario de Estado o el de Defensa tienen más atribuciones.
No obstante, está a un pequeño paso de poder serlo todo o sea presidente de la nación más poderosa del orbe.
Ahora bien, se ha dado el caso de que en ocasiones elementos totalmente grises y sin los tamaños propios de un estadista se han visto ascendidos a puesto tan codiciado.
En 1945 muere Franklin D. Roosevelt y fue una persona totalmente desconocida, un juez provinciano hijo de un modesto comerciante de Missouri, quien le sucedió en el cargo: Harry S. Truman.
El 22 de noviembre de 1963 John F. Kennedy cae abatido en Dallas (Texas) por las balas del magnicida Lee Harvey Oswald y es sucedido por un sujeto gris llamado Lyndon B. Johnson.
Es a partir de entonces cuando la gente empieza a darse cuenta de que el vicepresidente puede serlo todo el día de mañana y, en consecuencia, se le empieza a prestar atención a dicho puesto y a no considerarlo tan insignificante.
Ahora bien, es de justicia resaltar que, durante el período presidencial de Dwight D. Eisenhower, la administración pudo contar con todo un vicepresidente en los momentos de crisis: Richard M. Nixon.
Nixon, vicepresidente en aquella época, asumió enormes responsabilidades políticas y administrativas durante las largas enfermedades del presidente de quien llegó a ser su “alter ego”
Es aquí donde le encontramos un rasgo positivo a la vicepresidencia: En un momento dado puede servir para que su titular se prepare convenientemente para ocupar el primer puesto.
Eso significa que un vicepresidente con experiencia, en el futuro, puede ser un magnífico presidente.
Todo esto deberá hacer reflexionar a los candidatos presidenciales en el momento de escoger a sus compañeros de fórmula: Más que decidirse por alguien que le puede ayudar a ganar los votos electorales de un estado importante, el candidato a la Presidencia debe elegir una persona afín ideológicamente que, en caso de una fatalidad, pueda continuar su obra.
En cambio si el elegido es una persona que, aparte de no ser afín ideológicamente, es incluso opuesto, el presidente tendrá que soportar durante cuatro largos años en la Casa Blanca a un enemigo potencial.
Todo esto y mucho más hizo reflexionar a medio mundo tras el frustrado atentado en días pasados.
Y es que, con éste, son ya tres los atentados en contra de Trump…
