La noticia que ocupa los titulares de la prensa, después de las últimas elecciones de Castilla y León, es si Vox pactará o no con el PARTIDO POPULAR en las Comunidades autónomas en las que entre los dos alcanzan una amplia mayoría. En realidad, la pregunta no es una noticia ni ahora ni antes. La respuesta la sabíamos todos.

Naturalmente que pactarán. Antes de las elecciones de Castilla y León, Santiago Abascal no podía arriesgarse a que un pacto en Extremadura y Aragón pudiera dar a entender a sus votantes que su voto iba a ser más rentable en las alforjas del PARTIDO POPULAR. Además, cabe la posibilidad de que los dirigentes de Bambú tuviesen la ensoñación de alcanzar la veintena de procuradores en la Asamblea de Castilla y León. Hoy en día ni los principios levantan tanto el ánimo a los políticos como sí lo hace una encuesta favorable.

Efectivamente, VOX creció en las elecciones de Castilla y León, pero no tanto como esperaban en Bambú. Así que, en menos de veinticuatro horas de saberse los resultados en Castilla y León, Santiago Abascal se pega un tiro en el pie delante de la prensa. Porque no otra cosa es que Santiago Abascal haya comparecido para declarar lo que todos sabíamos (que pactaría). En este acto, a lo que debemos estar atentos es a la precipitación. Ni el acto era necesario (por obvio), ni tampoco era necesaria la prisa. Así que, con la repetida comparecencia, lo que se ha puesto a la luz es que estas elecciones han llenado a los dirigentes de Vox de turbación, irreflexión y, naturalmente, miedo. 

Efectivamente, los dirigentes de Bambú habían afrontado las elecciones de Castilla y León bajo la fantástica expectativa de que iban a lograr veinte procuradores y, siendo buenos los resultados, catorce les ha parecido una derrota. En todo este comportamiento se aprecia cierta inmadurez en los dirigentes de VOX. Se han movido por la fantasía más que por la razón, por la emoción y no por los principios. Quienes tienen la madurez de estar en la vida bajo el dictado de sus principios, no piensan bajo la pauta de las encuestas ni se emocionan con ellas. Saben que saber “ser” y “estar” es la condición necesaria de llegar a “ser” y “estar”. Pero, en este caso, como digo, los dirigentes de VOX se nos han presentado como críos que se ven con un juguete roto después de las elecciones de Castilla y León. Lloriqueando y con la cara afectada por una sonrisa han ido corriendo a echarse en brazos de su papá político (PARTIDO POPULAR). Con lo cual, ahora sí, la percepción que tiene el mercado electoral de derechas es que VOX, sin el PARTIDO POPULAR, no es nada. A ver si me hago entender: es ahora cuando toma fuerza el argumento de para qué votar a crio cuando éste tiene un padre

Este error estratégico de bulto no es irreparable. Quienes siempre salvan a los partidos de derechas es su buen electorado. Me explico. VOX y el PARTIDO POPULAR tienen un electorado muy diferente al que hoy por hoy vota a la izquierda. En las personas de derechas siempre han pesado los principios. Mientras que el electorado de izquierdas está dispuesto a aplaudir a crápulas, puteros, yernos de proxenetas y demás chusma, con tal de poder decir que son gobernados por los “suyos”, el electorado de derechas se tapa la nariz y deja de votar cuando aprecia esos vicios en sus dirigentes. Esto es algo que, jamás, se ha creído en el PARTIDO POPULAR. De hecho, si resalta tanto la figura de Isabel Díaz Ayuso y, por otro lado, Alberto Núñez Feijoó parece que no deja que brille todo lo que podría hacerlo Cayetana Álvarez de Toledo, es, precisamente, porque el PARTIDO POPULAR jamás ha ido -ni parece que tenga ganas de hacerlo- a ganar la guerra cultural a la izquierda (si es que puede hablarse de cultura de izquierdas). 

De ahí, que la constante del PARTIDO POPULAR en su historia haya sido la traición a los principios de derechas de su electorado. Y este es justamente el origen de VOX. Si VOX no se estuviera olvidando de las razones de sus orígenes - a la misma velocidad que se está deshaciendo de muchos de sus fundadores - quizás tendría más presente que su única razón de ser fueron los principios y no las expectativas electorales. Entonces habrían agradecido de manera madura haber seguido incrementando su base electoral en Castilla y León.

Y es que la función de VOX está muy clara desde sus comienzos y no debería dejar de cumplirla, al menos, mientras la Ley de D´Hondt rija nuestro sistema electoral. Recordemos cuál es esa función: ser la conciencia hostigadora del PARTIDO POPULAR. VOX es bueno que exista para la derecha y esté ahí para evitar que los “Rajoy” que proliferan en el PARTIDO POPULAR - tanto como los Tito Berni en el PSOE – den de patadas en sus principios a los votantes de derechas en cuanto alcanzan el poder. 

Teniendo esto claro, no hay peligro de desaparecer, porque (la historia del PARTIDO POPULAR así lo demuestra) no faltarán ocasiones en que los melifluos dirigentes del PARTIDO POPULAR se encamen con la izquierda en su eterno “viaje al centro” que, allá por los años noventa, comenzó José María Aznar con el blanqueamiento de la figura de Manuel Azaña. Manteniéndose en este punto exacto, serán las mentiras y traiciones del PARTIDO POPULAR a los principios de sus votantes las que, quizás, llevarán a VOX a superar la barrera técnica que hoy por hoy protege al PARTIDO POPULAR (ley de D´Hondt). 

¿Y esto en qué se concreta? Muy sencillo. En negociar con el PARTIDO POPULAR con luz y taquígrafos. Hay que poner encima de la mesa políticas basadas en principios y con fecha de cumplimiento. Digo con “luz y taquígrafos” para que el PARTIDO POPULAR no pueda argumentar en público que es VOX quien no quiere pactar con ellos. ¡Y ahora lo dirán si pueden! No será nada extraño que las elecciones de Castilla y León hayan hecho pensar a los analistas de encuestas del PARTIDO POPULAR que VOX ha dado con su techo. En definitiva, debe saber el electorado de derechas qué principios pretende socavar el PARTIDO POPULAR para no pactar. Y, pactando, ahora sí, podrá VOX hostigar al PARTIDO POPULAR cargados de razones. ¿Y si se cumpliesen las políticas pactadas? Los dirigentes de VOX podrán estar tranquilos de saber que gracias a ellos España está mejor. 

Para ser eficaces en esta tarea, VOX, además, debería adoptar una función parecida a la de una cámara de control. Es decir, mantenerse fuera de las sillas de gobierno, pero vigilante. Será muy fácil al PARTIDO POPULAR ponerse a mentir y traicionar a sus votantes desde el gobierno si tienen de compañeros a miembros de VOX. Al final, quien paga estas traiciones es el partido a quien no protege la ley de D´Hondt. Es lo que vemos hoy en día en el PSOE y sus cómplices en el gobierno (SUMAR). El PSOE sobrevive gracias a la ley de D´Hondt, mientras que SUMAR y PODEMOS se hunden electoralmente a la vista de todos, cargando con las consecuencias de la corrupción e ineptitud de los miembros del PSOE.

En definitiva, los dilemas de VOX son: a) tacticismo o principios; b) principios o poder de gobierno. Si opta por los principios, tendrá que dejar de lado las encuestas, el tacticismo y el poder inmediato de las sillas en un gobierno, pero sobrevivirá y cumplirá una función importante para España. Si, por el contrario, opta por las encuestas, el tacticismo y las sillas de gobierno, sencillamente seguirá del camino de SUMAR y PODEMOS en la izquierda.

Emilio Eiranova Encinas

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