El incontrolable éxodo de más de cincuenta mil marroquíes buscando entrar en Ceuta presenta todas las características de una peligrosa invasión.
No se trató de un simple intento de media docena de pastores que se dedican a cuidar camellos soportando el agobiante sol del desierto. Más bien lo que pretendían los miles de invasores marroquíes era desde Ceuta salvar la poca distancia que los separaba del sur de la península para poder entrar en España.
Es curioso ver cómo, a más de trece siglos, la historia vuelve a repetirse.

Recordarán nuestros amigos lectores aquellas inolvidables lecciones de historia de España que, de manera especial, nos contaban cómo los moros invadieron la península después de cruzar el estrecho de Gibraltar.
Y así pudimos saber cómo, debido a la traición del resentido Conde don Julián, gobernador de Ceuta, quien deseando vengarse del agravio cometido por el rey don Rodrigo, entregó la plaza a Muza a la vez que le animó a que cruzase el estrecho.
Y fue así como Tarik, tras apoderarse de Ceuta, entró en la península, derrotó a don Rodrigo en la batalla del Guadalete y acabó apoderándose del reino visigodo.
También en dicha batalla mucho tuvieron que ver los traidores puesto que, cuando los visigodos iban dominando, dos falsos aliados abandonaron los flancos derecho e izquierdo para unirse a los invasores.
A más de trece siglos, la historia vuelve a repetirse.
También en nuestros días han intentado los marroquíes (moros, a fin de cuentas) apoderarse de Ceuta para desde allí volver a cruzar el estrecho y entrar en España.
Afortunadamente y de momento, todo quedó en una simple intentona ya que las autoridades marroquíes y españolas llegaron a un acuerdo que hizo que los invasores fuesen enviados de regreso a su país.
Según afirma una versión, este ensayo de invasión se debe a que Marruecos decidió darle un escarmiento a España porque Pedro Sánchez decidió construir un gasoducto submarino que saliese de Argelia, pero sin pasar por Marruecos para no tener que pagar derechos de peaje.
Otra versión afirma que Pedro Sánchez, quien se lleva a las mil maravillas con Mohamed VI, le pidió a éste que armara todo este teatro con el fin de distraer a los españoles y que pasaran a un segundo plano temas como los líos judiciales de Zapatero o las imputaciones contra su esposa Begoña Gómez.
Si esto último fuese verdad, la traición contra España no vendría por parte del gobernador de Ceuta como ocurrió hace trece siglos sino más bien por parte del presidente del gobierno español.
No obstante, manifiesta nulo patriotismo un jefe de gobierno que pacta con los enemigos tradicionales de España para poner a salvo sus intereses personales.
Por mucho que se hable de la “Alianza de las civilizaciones” (concepto acuñado por Zapatero) la dramática realidad es que el Islam continúa odiando a España con el mismo furor con que la odiaba Almanzor.
Lo único que diferencia a los marroquíes de hoy de los musulmanes de hace más de un milenio es que aquellos tenían como armas alfanjes y cimitarras en tanto que los de hoy poseen cañones, metralletas e incluso aviones.
El peligro de una invasión es algo latente y constituye una irresponsabilidad que las altas autoridades españolas se pongan a jugar con fuego.
Y rematamos con una frase que el expresidente argelino Houari Bumedien dijo hace algunos años: “Haremos la conquista con los vientres de nuestras mujeres”.
Terrible amenaza que, de seguir, así las cosas habrá de cumplirse de un modo fatal puesto que ante una Europa egoísta (España incluida) que se suicida por medio del control natal, los moros hacen exactamente lo contrario.
