La ventana de Overton se ha vuelto a abrir, esta vez con los llamados “therians”, estas personas que dicen identificarse como animales, de las que hay distintas ramificaciones, pues, donde impera el relativismo, reina el plato al gusto de cada cual.
Vamos a situarnos más de 10 años atrás, cuando aún, al menos en España, quedaba algún resto de sentido común que actualmente brilla por su ausencia. En esos años, se abrió la caja de pandora y empezó a colarse la ideología de género en nuestra sociedad. Poco a poco, sutilmente, de un modo casi imperceptible, hasta que cuando nos quisimos dar cuenta, se convirtió en una realidad con la que convivimos llegando al extremo de normalizar que, si una niña dice sentirse niño, hay que, por “el bien superior del menor”, darle el capricho de cambiarse de sexo, no vaya a ser que entre en depresión... Lo que antes era un desequilibrio mental ya no lo es.
En el año 2013, la Asociación Americana de Psiquiatría cambió el "trastorno de identidad de género" por "disforia de género", para que no se considerase una enfermedad a la transexualidad. En el año 2018, la OMS, dio ese mismo paso, clasificándola como "incongruencia de género". Estrategias bien planeadas para que la sociedad fuese asumiendo este hecho como algo normal, tal y como ya ocurre, pues modificando el lenguaje, cambiamos el pensamiento.
Desde entonces, las series de televisión, los programas de los grandes medios de comunicación y las RRSS, iniciaron toda una campaña de bombardeo introduciendo transexuales que salían hasta debajo de las piedras. Primero con casos reales puntuales, como el de David, el primer menor “transexual” que se cambió de nombre en España. Los años han ido transcurriendo y ya se considera normal que en los centros educativos se les hable a los niños de que pueden cambiarse de sexo si es su voluntad, y, de hecho, lo están logrando a base de propaganda.

Igualmente, esto que estamos presenciando con los “therians” no es una moda querido lector. Se habla mucho de la desinformación en las RRSS a la que están siendo sometidas las nuevas generaciones, y aunque al Gobierno lo que le preocupa es la verdadera información que están encontrando los jóvenes de los bulos y mentiras que lanzan como dardos ellos mismos, a mí lo que me pone los vellos de punta, es el terrible peligro al que están expuestos por el adoctrinamiento en estas ideologías.
Porque una vez más, son los menores los que están sufriendo las consecuencias de una sociedad degenerada, que se ríe al ver a un chaval reptando por la calle como una serpiente o un niño haciendo de perro de la mano de sus padres, sin ser capaces de ver más allá, de captar el problema de raíz que está llevando a estas criaturas a querer renegar de su ser identitario único y verdadero: su humanidad.
Estas ideas no son introducidas al azar, si no con un claro fin: destruir a los niños para acabar con nuestra sociedad ya desprovista del escudo moral necesario para hacer frente a los embistes de la Bestia que se regocija con cada víctima que logra captar.
Estos niños, adolescentes o jóvenes, que han caído en estas redes maliciosas, son las víctimas de una sociedad a la que sólo le preocupa el bienestar. Una sociedad que ha perdido el rumbo, que ha delegado la educación de los más indefensos a los creadores de contenido en las RRSS y en los centros educativos con los programas dictados por los que buscan su dominio y destrucción.
No es un juego de niños este tema de los “therians”, es una macabra secta que los atrapa, despojándoles de su dignidad.
Quizás, les ha faltado a su lado a estos niños, unos padres que les protejan mostrándoles la belleza y verdad de su cuerpo y alma, enseñándoles a amarse, sabiéndose que son seres sublimes, únicos, inigualables, amados y pensados por Dios antes de su propia existencia. Quizás, les ha faltado un escudo que les proteja frente a los engaños que aprenden desde las pantallas y que tan sólo proceden del que se introduce como un veneno en nuestras vidas: el demonio. Porque esto tan sólo es obra del que provoca el mal en este mundo que se vale de sus siervos para cumplir su misión.
No, no es una moda pasajera sin más, es un pozo profundo de sufrimiento encerrado en un mundo ficticio que se ha creado para protegerse de su falta de sentido existencial. Y mientras nos entretienen en los telediarios con extraterrestres o con corruptelas aquí y allá, los niños son los grandes olvidados y desprotegidos en este mundo que va al abismo poco a poco.
Lo que en psiquiatría se considera un delirio o trastorno mental, la explosiva reiteración de esta práctica, provocará que se llegue a normalizar como ya ha ocurrido con la ideología de género, haciendo caso omiso a la verdad inmutable en favor de un vacío y oscuro relativismo que da rienda suelta a las emociones ilógicos e irreales.
Confío en que haya padres y personas que, ante estos espectáculos tan inhumanos, no se limiten a echarse unas carcajadas, sino que alcen fuertemente la voz en defensa de sus víctimas: nuestros hijos.
Alicia Beatriz Montes Ferrer, Colaboradora de Enraizados
