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Con fecha 31 de julio de 2026, fiesta de San Ignacio de Loyola, los obispos mexicanos, presididos por monseñor Ramón Castro Castro, publicaron un mensaje al cumplirse un siglo del conflicto religioso (Cristiada)

El propósito de dicho mensaje, según afirman los obispos afirman, “no es para reabrir heridas, sino para curarlas; no para juzgar a los muertos, sino para servir a los vivos”

De ese modo, el Episcopado Mexicano inaugura un tiempo de memoria con miras a preparar el Jubileo Guadalupano de 2031.

El documento reafirma una idea que consideramos básica: Un pueblo que no recuerda queda a merced de quienes escriben la historia por él. En cambio, la memoria cristiana no es nostalgia del pasado sino más bien fuerza para el presente.

En el citado mensaje, la Iglesia en México no conmemora ni una guerra ni celebra una victoria; más bien lo que conmemora es la fidelidad del pueblo creyente, el testimonio de los mártires y el haber aprendido la lección de que la libertad religiosa no es un privilegio del clero sino más bien un derecho de la persona humana.

Y es que, cuando un dictador niega ese derecho, de inmediato brotan actos de violencia que acaban produciendo sangre.

Los obispos lamentan lo que hace un siglo ocurrió en México y que tiene un rostro trágico: En aquella ocasión la nación mexicana no fue invadida por un ejército extranjero, sino que más bien se dio la paradoja de que se produjo una tragedia en la cual un pueblo estuvo dividido contra sí mismo.

Con la prudencia que les caracteriza, en su mensaje, los obispos insisten que la persecución contra la Iglesia fue real y que nombrar dichas injusticias no constituye un agravio, sino que es cumplir con el deber de difundir la verdad.

“La verdad os hará libres” dijo Jesús durante la Última Cena, motivo por el cual ignorar la verdad es quedar a merced de quienes propagan mentiras con el fin de mejor controlar a los gobernados.

En el documento se mencionan de modo especial a varios mártires, destacando el

Beato Anacleto González Flores, el Beato Miguel Agustín Pro, S.J. y San José Sánchez del Río quienes con su pacífico testimonio contribuyeron a construir la nación.

No obstante, los obispos, con valentía, reconocen como -a pesar del tiempo transcurrido y de las reformas constitucionales- la libertad religiosa aún no es plena en México debido a que persisten restricciones que no son propias de una democracia madura.

Y prueba de ello es que en los últimos años han sido asesinados varios sacerdotes como son los jesuitas de Cerocahui (Chihuahua) y el Padre Marcelo Pérez en Chiapas.

Con evidente realismo, los obispos reconocen como hoy en día la conciencia se ve coaccionada sin que se cierren los templos debido a que se manipula la información y se rebaja la dignidad de la persona al triste nivel de un sujeto de consumo.

Un documento valiente, realista y con una gran riqueza doctrinal.

Por todo ello el Episcopado Mexicano le pide a las autoridades leyes y prácticas que garanticen plenamente la libertad religiosa.

Y rematan con una frase que resume todo lo expuesto: 

“A todos los mexicanos, a los que han adoptado esta tierra y a los que la transitan, les decimos con el corazón de pastores: No tengan miedo a la verdad de esta historia. Ahí, en medio de tanta oscuridad, hubo hombres y mujeres como nosotros que no se dejaron robar la esperanza. Somos herederos de ellos, más por la fe que por la sangre. Que su memoria nos haga mejores”

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