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Se trataba de niñas de 12 y 13 años violadas por hombres adultos, amenazadas con armas. Algunas quedaban embarazadas; muchas fueron forzadas a abortar. Otras recibieron palizas sisméticas o las rociaban con gasolina amenazándolas con quemarlas vivas. Un absoluto y dramático horror.

Han sido décadas de silencio. Pero la verdad siempre se termina abriendo paso. Es lo que ha ocurrido en el Reino Unido con el informe del diputado independiente Rupert Lowe ‘bautizado’ como ‘Independent Rape Gang Inquiry Report’.

Es el resultado de meses de investigación de documentación, recopilación de testimonios. Y pone negro sobre blanco probablemente el mayor escándalo político y social del Reino Unido de las últimas décadas: miles de niñas fueron captadas, prostituídas y violadas sistemáticamente por bandas organizadas. La mayoría eran blancas. Y las bandas organizadas eran en su mayoría pakistaníes. ¿Qué hicieron las autoridades? ¡Nada! Temían que les acusaran de racistas y de despertar la furia social que ahora se ha despertado en el Reino Unido. 

Ha sido mucho peor. Porque ahora es una furia acumulada por décadas. A los padres les decían que su hija era ‘ligera y casquivana’ o simplemente rebelde. Y era falso. Era víctima. De sus agresores y de un sistema que les falló de manera indigna y vergonzante.

La publicación del informe se produce precisamente cuando el Ejecutivo Starmer se ha visto forzado a aceptar una investigación pública después de llevar meses negándose a ella. La Agencia Nacional contra el Crimen está revisando ahora  cientos de casos que nunca debieron cerrarse.

¿Cómo pudo ocurrir esta barbarie durante décadas sin que nadie lo detuviera? Falló la policía, los servicios sociales, las administraciones locales, la fiscalía, los medios de comunicación. ¡Fue un fallo sistémico!, ¡multiorgánico!

En realidad, sería cómodo cargar la responsabilidad al laborismo. Pero la realidad es que el Partido Conservador tampoco detuvo el horror. Ni impulsó una investigación ni depuró responsabilidades. ¡Nada!

La razón de este silencio fue ese nuevo dogma laico llamado corrección política. Todos pensaron que si actuaban y contaban la realidad, el multiculturalismo se destruiría, se producirían olas de reacción racista y la convivencia se haría imposible. ¿En qué momento pensaron que los ciudadanos eran menores de edad?, ¿por qué nadie interpuso el mayor interés del menor en lugar de la supuesta ‘paz social’? El resultado fue que miles de niñas fueron abandonadas por quien precisamente debía defenderlas.

El asunto tiene consecuencias hoy. Porque el hoy primer ministro, Keir Starmer, fue director de la Fiscalía de Inglaterra y Gales de 2008 a 2013, es decir, en los años más críticos de este escándalo. Las denuncias se archivaron o no recibieron el impulso esperable. Su pasividad le persigue hoy. ¿Encubridor, como le acusa Elon Musk? Starmer lo niega, pero el informe Lower le desmiente. Veremos a ver qué dice el informe oficial…

Algunos de los condenados por abuso sexual en Rotherham en 2010

Gran Bretaña no es un caso aislado. En Alemania también se escondió las agresiones sexuales masivas en Nochebuena en Colonia. Lo primero fue tratar de tapar o minimizar las informaciones. Después, obviar la nacionalidad de los agresores. Cuando al final afloró la verdad, el resultado fue una mayor desconfianza ciudadana hacia unas instituciones que protegen más a los agresores que a las víctimas con la excusa de la ‘paz social’. El estallido electoral de AfD obedece precisamente a esta realidad. Exactamente igual que Farage en Gran Bretaña.

El silencio pretende controlar los movimientos antiinmigración, pero los termina alimentando. Casi catapultando. ‘¿Nos habéis engañado y nos habéis dejado a los pies de los caballos?, ¿seguís negando el problema? Quiero cambiar’. Muy lógico.

Por eso el Parlamento Europeo aprobó esta semana el reglamento de retorno para facilitar y acelerar el retorno de los inmigrantes en situación irregular. Europa está empezando a despertar. Esperemos que no sea demasiado tarde.

Se trataba de niñas de 12 y 13 años violadas por hombres adultos, amenazadas con armas. Algunas quedaban embarazadas; muchas fueron forzadas a abortar. Otras recibieron palizas sisméticas o las rociaban con gasolina amenazándolas con quemarlas vivas. Un absoluto y dramático horror.

Han sido décadas de silencio. Pero la verdad siempre se termina abriendo paso. Es lo que ha ocurrido en el Reino Unido con el informe del diputado independiente Rupert Lowe ‘bautizado’ como ‘Independent Rape Gang Inquiry Report’.

Es el resultado de meses de investigación de documentación, recopilación de testimonios. Y pone negro sobre blanco probablemente el mayor escándalo político y social del Reino Unido de las últimas décadas: miles de niñas fueron captadas, prostituídas y violadas sistemáticamente por bandas organizadas. La mayoría eran blancas. Y las bandas organizadas eran en su mayoría pakistaníes. ¿Qué hicieron las autoridades? ¡Nada! Temían que les acusaran de racistas y de despertar la furia social que ahora se ha despertado en el Reino Unido. 

Ha sido mucho peor. Porque ahora es una furia acumulada por décadas. A los padres les decían que su hija era ‘ligera y casquivana’ o simplemente rebelde. Y era falso. Era víctima. De sus agresores y de un sistema que les falló de manera indigna y vergonzante.

La publicación del informe se produce precisamente cuando el Ejecutivo Starmer se ha visto forzado a aceptar una investigación pública después de llevar meses negándose a ella. La Agencia Nacional contra el Crimen está revisando ahora  cientos de casos que nunca debieron cerrarse.

¿Cómo pudo ocurrir esta barbarie durante décadas sin que nadie lo detuviera? Falló la policía, los servicios sociales, las administraciones locales, la fiscalía, los medios de comunicación. ¡Fue un fallo sistémico!, ¡multiorgánico!

En realidad, sería cómodo cargar la responsabilidad al laborismo. Pero la realidad es que el Partido Conservador tampoco detuvo el horror. Ni impulsó una investigación ni depuró responsabilidades. ¡Nada!

La razón de este silencio fue ese nuevo dogma laico llamado corrección política. Todos pensaron que si actuaban y contaban la realidad, el multiculturalismo se destruiría, se producirían olas de reacción racista y la convivencia se haría imposible. ¿En qué momento pensaron que los ciudadanos eran menores de edad?, ¿por qué nadie interpuso el mayor interés del menor en lugar de la supuesta ‘paz social’? El resultado fue que miles de niñas fueron abandonadas por quien precisamente debía defenderlas.

El asunto tiene consecuencias hoy. Porque el hoy primer ministro, Keir Starmer, fue director de la Fiscalía de Inglaterra y Gales de 2008 a 2013, es decir, en los años más críticos de este escándalo. Las denuncias se archivaron o no recibieron el impulso esperable. Su pasividad le persigue hoy. ¿Encubridor, como le acusa Elon Musk? Starmer lo niega, pero el informe Lower le desmiente. Veremos a ver qué dice el informe oficial…

Gran Bretaña no es un caso aislado. En Alemania también se escondió las agresiones sexuales masivas en Nochebuena en Colonia. Lo primero fue tratar de tapar o minimizar las informaciones. Después, obviar la nacionalidad de los agresores. Cuando al final afloró la verdad, el resultado fue una mayor desconfianza ciudadana hacia unas instituciones que protegen más a los agresores que a las víctimas con la excusa de la ‘paz social’. El estallido electoral de AfD obedece precisamente a esta realidad. Exactamente igual que Farage en Gran Bretaña.

El silencio pretende controlar los movimientos antiinmigración, pero los termina alimentando. Casi catapultando. ‘¿Nos habéis engañado y nos habéis dejado a los pies de los caballos?, ¿seguís negando el problema? Quiero cambiar’. Muy lógico.

Por eso el Parlamento Europeo aprobó esta semana el reglamento de retorno para facilitar y acelerar el retorno de los inmigrantes en situación irregular. Europa está empezando a despertar. Esperemos que no sea demasiado tarde.

¿Y España?, ¿estamos ante un escenario parecido? Es verdad que se ocultan las ‘manadas’ -mayoritariamente mabrebíes- y que los delitos de agresión sexual se han multiplicado de manera escandalosa en los últimos años de inmigración descontrolada.

Pero afortunadamente, nuestra inmigración es mayoritariamente hispanoamericana y mucho más asimilable. “Son españoles del otro lado del Atlántico” decía Abascal hacía algunos años…

Eso no significa que no haya problemas. Los hay y son graves. ‘Cuando las barbas de tu vecino veas cortar, pon las tuyas a remojar’. Por eso no se debe tolerar la regularización de quien tiene antecedentes policiales o de quien está preventivo en prisión. Y se debería de plantear la reversión de la nacionalidad por mal comportamiento como ya se está haciendo en países de nuestro entorno.

Y desde luego, no se debería fomentar la inmigración de mayores de 55 años que sólo aspiran al cobro de una pensión no contributiva de un sistema que ya está quebrado. Al revés, se debería prohibir o en su defecto dejar fuera de una prestación que no le corresponde.

Que tengas un excelente sábado. Un abrazo,

Luis Losada, director de Actuall y todo el equipo

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