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El Cardenal Kurt Koch es todo un personaje dentro de la Iglesia Católica.

El purpurado, de nacionalidad suiza, preside la Fundación Pontificia de Ayuda a la Iglesia Necesitada. Fue el Papa León XIV quien le confirió tan alta responsabilidad en noviembre de 2025.

Aparte de tan importante cargo en el Vaticano, el Cardenal Koch es prefecto del Dicasterio para la Unidad de los Cristianos.

Un personaje de gran relevancia, que cuando habla no lo hace de modo superficial sino más bien con pleno conocimiento del tema.

Esa es la razón por la cual en el momento en que dicho Príncipe de la Iglesia habló de la persecución que sufren los cristianos en nuestros días, podemos tener la certeza de que su denuncia tiene validez plena.

El Cardenal Koch declaró enfáticamente que actualmente “hay más mártires que en los primeros siglos de la Iglesia”.

Todos recordamos con horror aquellas lecciones de historia universal que nos contaban acerca de las persecuciones desencadenadas por un Nerón o un Diocleciano.

Auténticas tragedias que inspiraron a famosos novelistas como el Cardenal Nicolás Wiseman para escribir “Fabiola” o al Premio Nobel de Literatura 1905 a dar vida a “Quo vadis?”

Se ponían literalmente los pelos de punta al leer ya fuera en las páginas de la novela o ver en las salas cinematográficas aquellas escenas truculentas en las que los cristianos eran arrojados a los leones en el Coliseo romano.

Durante mucho tiempo el sentir general fue que aquellos baños de sangre eran cosa del pasado. Ignorancia garrafal puesto que, a fines del siglo XVIII, los revolucionarios franceses causaron un auténtico genocidio en la Vendee al exterminar a miles de católicos.

Eso sin contar las matanzas desencadenadas por los comunistas en el siglo XX así como por Calles en México o durante la II República en España.

Pues bien, las declaraciones del Cardenal Koch afirman que más de 388 millones de cristianos sufren persecución en nuestro días. Tan solo entre octubre de 2024 y septiembre de 2025 fueron martirizados 4.849 cristianos, siendo Nigeria el país donde ocurrieron la mayoría de los crímenes.

Quienes con tanto odio persiguen a los cristianos no suelen distinguir entre católicos, ortodoxos, anglicanos o luteranos; para los perseguidores todos ellos son lo mismo puesto que es un mismo símbolo, LA CRUZ, la que los identifica.

Y es así que se da el fenómeno de que esta sangre derramada una a los cristianos más allá de las divisiones.

A fin de cuentas, son seguidores del Nazareno y lo que sus verdugos desean es acabar con la Cruz Redentora.

Un odio que mucho tiene en común con el de aquel político que usaba coleta y que pidió dinamitar la Cruz del Valle de los Caídos.

No obstante, como bien dijera Tertuliano, “la sangre de los cristianos es semilla de cristianos”

Y la prueba palpable nos la dan aquellos países donde los cristianos han sido cruelmente sacrificados y que, con el paso del tiempo, se ha notado como es preciosamente allí donde la Fe renace con mayor fuerza.

Cuando San Esteban, el protomártir del Cristianismo, fue martirizado a pedradas, un joven de nacionalidad romana presenciaba el crimen mientras sostenía las vestiduras de los verdugos.

Aquel joven se llamaba Saulo. Poco tiempo después experimentó una conversión radical y pasó a convertirse en todo un San Pablo.

La sangre del protomártir San Esteban había servido para que surgiese un San Pablo quien, junto con San Pedro, es una de las columnas de la Iglesia.

Oportuna denuncia la del Cardenal Koch. Denuncia que hay tener muy presente.

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