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Todo gobierno que se respete y que en realidad se proponga mejorar el nivel de vida de sus gobernados sabe mejor que nadie que su prioridad debe ser combatir la pobreza.

Ahora bien, para combatir la pobreza, antes es necesario crear riqueza.

Y crear riqueza implica que la mayoría de los ciudadanos sean propietarios y que puedan vivir holgadamente del fruto de su trabajo; un trabajo que produzca frutos que no solamente les permitan vivir sin estrecheces, sino que les conceda el margen suficiente para poder ahorrar.

Y es que, en el momento en que los ciudadanos pueden darse el lujo de ahorrar; en ese momento el dinero ahorrado puede invertirse dando vida a negocios que producen riqueza y crean fuentes de trabajo.

Es en ese momento cuando el ciudadano sube un peldaño para convertirse en empresario.

Empresario es quien emprende, quien da vida a un proyecto económico arriesgando la mayoría de las veces unos ahorros que pudieran perderse.

Así pues, no quedan dudas cuando afirmamos que antes que debatir cómo repartir riqueza es necesario crearla.

La función de crear riqueza es algo que corresponde únicamente a los empresarios y no a un Estado intervencionista que debe limitarse a vigilar y servir de árbitro para que no existan abusos ni por parte de los patronos ni por parte de los trabajadores.

Los empresarios solamente se atreverán a invertir creando riqueza siempre y cuando tengan garantías. Que se den unas condiciones que deberán ser fruto de la actuación del Estado.

Unas condiciones que consisten en -valga el ejemplo- promulgar leyes fiscales que en vez de asfixiar al empresario, lo animen.

Y es que, si las leyes fiscales asfixian quitándoles todo aliciente a los empresarios, éstos verán como todos sus esfuerzos son algo tan inútil como echar agua en el mar.

En cambio, si se crea un sistema fiscal con impuestos justos apegados a la realidad que permitan al Estado cumplir con sus obligaciones y a los empresarios recibir una utilidad lícita; en ese momento quienes tienen ahorros no lo dudarán y -en vez de guardarlos debajo del colchón- los pondrán en movimiento creando riqueza, ofreciendo empleos y contribuyendo al sostenimiento del Estado.

Desgraciadamente, vemos como los gobiernos populistas tanto de España como de Hispanoamérica han seguido exactamente el camino contrario.

Y es así como, ya sea con impuestos injustos o acusando a los empresarios de ser unos sujetos voraces, lo que se ha logrado es que la inversión se retraiga, que huyan los capitales, que quiebren infinidad de empresas, que miles de trabajadores pierdan sus empleos y -consecuencia fatal- que el Estado deje de recibir unos ingresos que podrían darle los negocios que cerraron sus puertas.

Y todo porque los gobiernos populistas, en lugar de crear riqueza, se han dedicado a derrocharla.

Han derrochado repartiendo. Una repartición que es algo artificial puesto que las generosas ayudas que reciben muchos sectores son algo que los aparentemente beneficiados acabarán pagando con inseguridad, desempleo, malas escuelas, hospitales sin medicinas, carreteras en pésimo estado, etc.

La Economía es una ciencia exacta. Es urgente que los gobernantes tomen conciencia de ello y que se decidan a gobernar conforme a leyes justas apegadas a la realidad.

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