El pasado 31 de mayo se celebraron elecciones presidenciales en Colombia y los resultados confirmaron lo que venían anticipando las encuestas: Que ninguno de los candidatos alcanzaría la mitad más uno de los votos necesarios para ser proclamado presidente.
Las mismas encuestas decían que habría una segunda vuelta que deberá celebrarse el domingo 21 de junio y en la que competirán los dos candidatos que obtuvieron más votos en la primera vuelta.
En lo que no atinaron las encuestas fue al señalar al vencedor de la primera vuelta puesto que dijeron que sería Iván Cepeda, candidato de la izquierda oficialista y muy cercano al actual presidente Gustavo Petro.
Al realizarse los escrutinios ocurrió la sorpresa. Efectivamente, ninguno obtuvo mayoría absoluta pero el vencedor por mayoría relativa fue el empresario Abelardo de la Espriella, representante de la derecha conservadora.
Vistos los resultados, todo hace suponer que el 21 de junio en la gran final se enfrentarán Abelardo de la Espriella e Iván Cepeda.
Estas elecciones son de vital importancia no solamente para Colombia sino para el resto de los países de la región.
Y es que la victoria de Iván Cepeda mantendría a Colombia entre los principales países de Hispanoamérica que aún están gobernados por líderes izquierdistas como son los casos de México y Brasil. Sería el continuismo del gobierno populista de Gustavo Petro.
En cambio, si el triunfador es Abelardo de la Espriella, se consolidaría en Hispanoamérica un giro hacia el libre mercado.
De un tiempo a esta parte, Colombia se ha visto convulsionada por la violencia y prueba de ello es que el año pasado fue asesinado a tiros el senador derechista Miguel Uribe Turbay durante un mitin político.
De no haber muerto, dicho político estaría hoy contendiendo por la Presidencia.
El pasado 31 de mayo, de un padrón de 41 millones de empadronados, acudieron a votar 23 millones.

Los resultados están a la vista. Mas sin embargo, lo que complica la situación es que dichos resultados son desconocidos nada menos que por Gustavo Petro.
Una vez más se comprueba cómo la izquierda respeta las leyes mientras éstas le favorecen llegar al poder; pero una vez que lo consiguen, no lo sueltan.
Prueba muy cercana la tenemos en Pedro Sánchez quien -a pesar de que le está lloviendo por todas partes- parece estar atornillado en la Moncloa.
Eso es lo que en estos momentos está ocurriendo en Colombia.
Gustavo Petro, al ver cómo no ganó su candidato y cómo el 21 de junio tiene muchas posibilidades de ganar el derechista, alega que hubo fraude y que los comicios son inválidos.
Petro pretende que tanto él como sus aliados se perpetúen en el poder, aunque sea violentando la voluntad popular. Un primer paso para imponer una dictadura personal.
Aquí lo más grave es que la validez de dichos comicios no la pone en duda un ciudadano común y corriente, sino que los descalifica nada menos que el mismísimo presidente.
Colombia, país convulsionado por el nivel más alto de violencia de los últimos años, está a punto de participar en un drama que pudiera ser sangriento.
Ya pasaron los comicios…¿Qué sigue? ¿Habrá elecciones el 21 de junio o impondrá Petro una dictadura personal?
