Dentro de la geografía española, en la antigua Castilla la Vieja, existe una pequeña población que tiene el honor de llevar uno de los nombres más bellos en todo el mundo hispánico: Madrigal de las Altas Torres.
Allí, en aquel pequeño pueblo de la provincia de Ávila, vino al mundo una niña que, andando el tiempo, habría de convertirse en una de las mujeres más importantes de la historia universal: Isabel la Católica.
Isabel nació la tarde del 22 de abril, Jueves Santo de 1451, y fueron tan variadas las circunstancias de su vida que, quien parecía destinada a ser una oscura infanta castellana, llegó no solamente a ocupar el trono de Castilla sino que, después de unirse en matrimonio con Fernando de Aragón, logró consolidar la unidad de España, finalizar la Reconquista al quitarles Granada a los moros e iniciar -tras el Descubrimiento de América- la empresa misionera más grande que recuerda la historia de la Iglesia.
Una mujer admirable en su vida familiar, así como gobernando los diferentes pueblos de los que fue soberana.
Una mujer virtuosa que murió con fama de santidad.

Esa es la razón por la cual desde hace decenas de años son numerosas las personas e instituciones que trabajan con miras a que Isabel sea beatificada.
Hasta el momento, sólo un monarca español, San Fernando de Castilla -también conocido como Fernando III el Santo- es venerado en los altares.
Si Isabel alcanzase el honor de que Roma la declarase santa, las consecuencias serían benéficas en todos los aspectos.
Por lo pronto, los españoles tendrían un nuevo santo al cual invocar en sus necesidades, especialmente en estos difíciles tiempos en que el gobierno está acaparado por una pandilla de truhanes.
Si Isabel la Católica fuese declarada santa, de inmediato se convertiría en un ejemplo para todos aquellos políticos que aspiran a gobernar un país.
Ni duda cabe que la vida ejemplar de la Reina de Castilla es una lección permanente de honestidad para quienes se dedican a la política.
Y es que, desde el momento en que Isabel tomó cabal conciencia de que el poder no era un medio para satisfacer caprichos personales sino un acto del servicio del cual habría de dar cuenta a Dios; a partir de esa toma de conciencia, la Gran Reina tuvo muy claro que tendría que comportarse como delegada de la autoridad divina.
En 1904, con motivo del IV Centenario de la muerte de Isabel, fray Zacarías Martínez, O.S.A., arzobispo de Santiago de Compostela, sugirió que se abriese la causa de beatificación.
Sin embargo, será hasta mayo de 1958 cuando se inicie el proceso ordinario en Valladolid.
Después de infinidad de trabajos y gestiones, el 20 de noviembre de 1972 se abre proceso canónico en el Vaticano, obteniéndose sentencia favorable año y medio después.
Ahora bien, en los últimos tiempos observamos una serie de eventos que hacen pensar que quizás la beatificación esté más cerca de lo que pensamos.
En septiembre de 2025 el Papa Francisco declaró que Isabel la Católica había sido la primera defensora de los derechos humanos.
A principios de este año, en Valladolid, el Cardenal Carlos Aguiar, arzobispo primado de México, declaró que ninguna duda tenía acerca de la santidad de Isabel.
Y hace pocos días, con motivo del 575 aniversario de su nacimiento, en Madrigal de las Altas Torres, se congregaron importantes personajes del mundo eclesiástico, entre ellos monseñor Piero Pioppo, Nuncio en España. Todos ellos, especialmente el representante del Papa, elogiaron la obra de la Gran Reina.
Dicho acontecimiento, sumado a otros que han venido dándose cada vez con mayor frecuencia, nos hacen pensar que pudiera ser que estemos en víspera de que Roma nos de la sorprendente noticia por largo tiempo esperada.
