En tierras de la antigua Castilla la Vieja, concretamente en la provincia de Ávila, a ochenta kilómetros de Salamanca, existe una pintoresca población que lleva uno de los nombres más hermosos de toda la geografía del Mundo hispánico: Madrigal de las Altas Torres.
Una población cuyos habitantes son gente sencilla, noble y pacífica que, con legítimo orgullo, pueden presumir de tener como coterráneos a dos importantes personajes de la historia universal: Isabel la Católica y Don Vasco de Quiroga
Efectivamente, fue en Madrigal de las Altas Torres cuando el Viernes Santo de 1451 vio la luz primera quien habría de ser la madrina espiritual del Nuevo Mundo.
Isabel, una mujer fuera de serie que, conforme va pasando el tiempo, más se le admira por haber sido la mejor monarca que ha tenido España, por haber sido quien concluyó la Reconquista, por haber sido quien impulsó la evangelización de América y quien -por sus numerosas virtudes- es casi seguro que será muy pronto beatificada.
Fue Isabel la Católica quien apoyó a Colón en su viaje hacia el poniente, viaje que traería como consecuencia que todo un Continente se incorporase a la civilización occidental.
Fue Isabel quien, al tener conocimiento de que, en las tierras recién descubiertas, vivían millones de personas que no conocían a Cristo, decidió no sólo cristianizarlas sino velar por la defensa de sus derechos prohibiendo la esclavitud.
Pocas semanas antes de su muerte, concretamente el 12 de octubre de 1504, Isabel redacta su Testamento, valioso documento que es toda una declaración de los derechos humanos de quienes habitaban las tierras que Colón había descubierto.
El Testamento de Isabel la Católica es la primera Declaración defendiendo los derechos humanos.
Ahora bien, quienes hemos estudiado Derecho, concretamente la rama Civil en la cual se toca el tema de las sucesiones, sabemos muy bien que el testador haya manifestado su voluntad si no existe un albacea dispuesto a cumplirla.

En el caso concreto del Testamento de Isabel la Católica el albacea habría de ser un coterráneo suyo o sea un paisano también nacido en Madrigal de las Altas Torres: Don Vasco de Quiroga.
El abogado Don Vasco, quien fuera obispo de Michoacán, llevó a cabo un admirable experimento social cuyos frutos aún perduran a más de cuatrocientos cincuenta años de su muerte.
Don Vasco no solo evangelizó, sino que también civilizó a los pueblos que habitaban en las orillas del Lago de Pátzcuaro.
De ese modo, Don Vasco no solamente cumplió la última voluntad de su paisana la Reina, sino que implantó un sistema de convivencia social y relaciones comerciales que aún hoy admiran hasta quienes se declaran enemigos de la Iglesia.
Isabel la Católica proclamando los derechos humanos de sus súbditos de ultramar.
Don Vasco de Quiroga llevando a la práctica dicha proclamación.
Quien hoy visite la pintoresca y tranquila Madrigal de las Altas torres podrá ver no sólo el antiguo palacio de Juan II (hoy convento de monjas) donde nació Isabel sino incluso la habitación donde vino al mundo.
Quien hoy visite tan histórica población de rancio abolengo castellano podrá admirar una magnífica estatua de Don Vasco.
Madrigal de las Altas Torres, orgullo de Castilla la Vieja, orgullo de Ávila y, por todo ello, orgullo de España entera.
Una población que vale la pena visitar.
