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La noticia explotó como una bomba confundiendo incluso a quienes se jactaban de ser expertos en política española.

Y no era para menos: Por primera vez en la historia de la democracia española un ex presidente de gobierno es imputado para, con toda seguridad, ser sometido a juicio.

José Luis Rodríguez Zapatero ha sido acusado de numerosos delitos. Y si se demuestra que las acusaciones son verdaderas tendríamos en dicho sujeto a todo un pájaro de cuenta.

Por lo pronto el juez de la Audiencia que lleva el caso no se anduvo con rodeos al afirmar que Zapatero es el jefe de una organización criminal.

Conforme va pasando el tiempo, vamos entendiendo muchas cosas que antes no entendíamos y que ahora encajan como una espada en su vaina.

Zapatero llegó al poder mediante un baño de sangre. Zapatero llegó al poder gracias a los cerca de doscientos muertos de la Estación de Atocha de Madrid. Era marzo de 2004.

Días antes las encuestas señalaban a Mariano Rajoy como triunfador con mayoría absoluta.

En cuanto se produjo la tragedia y gracias a que los medios manipularon perversamente a la opinión pública los resultados dieron un vuelco pues fue Zapatero y no Rajoy quien ganó con mayoría absoluta.

Aquella, más que una elección común y corriente, era un auténtico golpe de estado que mucho tenía de revolucionario.

Si entendemos por revolución el movimiento popular destinado a cambiar los fundamentos del Estado, no nos cabe la menor duda de que aquello fue una auténtica revolución.

Si analizamos los períodos de Felipe González y de José María Aznar veremos que no se dieron cambios significativos en materia ideológica.

Ciertamente que España se recuperó económicamente durante los ocho años de Aznar; no obstante, la ideología liberal se encargó de ir pudriendo las bases morales de la sociedad.

Los auténticos revolucionarios tenían prisa. Decidieron no esperar más y eso explica los bombazos de Atocha que calaron tan hondo en el sentimiento popular puesto que la gran mayoría le echó la culpa al gobierno por no haber aclarado el tema como es debido.

Una vez en la Moncloa, Zapatero puso en marcha un plan revolucionario que acabó mostrando cómo el rostro del PSOE sigue siendo el mismo de sus fundadores de hace más de un siglo.

Cuando ya nadie se acordaba de la Guerra Civil y cuando en los pueblos muchas familias se habían reconciliado, Zapatero promulgó la Ley de Memoria Histórica que lo que hizo fue dividir y enfrentar.

Una ley inicua en la que se apoyaron quienes, en octubre de 2019, sacaron los restos de Franco del Valle de los Caídos.

Económicamente los dos gobiernos de Zapatero fueron tan desastrosos que cuando salió entregó un país quebrado.

Una vez que salió de la Moncloa, Zapatero se dedicó a recorrer medio mundo apoyando a regímenes populistas de Hispanoamérica como era el de Venezuela.

El hecho de que a Zapatero se le acuse de haber amasado una multimillonaria fortuna gracias a la corrupción tiene su lógica: El dinero que Zapatero y sus cómplices iban juntando lo destinaban para apoyar a los populistas de Hispanoamérica.

No obstante, la situación geopolítica internacional está dando un vuelco.

Nicolás Maduro fue derrocado y todo parece indicar que Venezuela recuperará muy pronto la democracia puesto que -aparte de la caída del dictador- los chavistas que aún quedan carecen ya de los recursos que Zapatero les regalaba a manos llenas.

El caso es que toda la estructura de corrupción que Zapatero había ido modelando está a punto de venirse abajo como su fuera un castillo de naipes.

Una gran noticia para los españoles que ven como la Justicia se impone. Una gran noticia para aquellos políticos hispanoamericanos que luchaban con desventaja contra los dictadores que estaban apoyados por un sujeto nefasto.

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