This website uses cookies

Read our Privacy policy and Terms of use for more information.

Este sábado 4 de julio celebramos el 250 aniversario de la Declaración de Independencia de los EEUU. En ella se afirma que los derechos no nacen del Estado sino que pertenecen a la persona en su propia dignidad: derecho a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad. Criterios muy similares a los marcados en la Escuela de Salamanca unos siglos antes.

No fue una simple independencia del imperio británico, sino una declaración de principios muy relevante: la persona es antes que el Estado y el poder debe de estar limitado. probablemente es su mayor aportación al mundo, aunque no tenga el ‘copyright’ ni sea el mejor maestro del ejemplo…

Por supuesto, la historia de los EEUU tiene muchas sombras además de sus luces: tardaron años en reconocer la igualdad completa entre blancos y negros y su individualismo llevado al extremo ha provocado grandes bolsas de miseria en contraste con la abundancia de la economía de mercado. Y desde luego, en demasiadas ocasiones han sido la avanzadilla de la cultura del descarte, la imposicion del aborto, el adoctrinamiento de género, el homosexualismo político y la cultura woke.

Sin embargo, su historia ha evidenciado su capacidad de corregir sus errores, superarse a sí mismos y regresar a los padres y principios fundadores. Frente a un mundo que parece haber perdido la esperanza, EEUU sigue reivindicando la vitalidad de la sociedad civil frente al Leviatán administrativo, la economía libre frente al exceso de regulación como palanca de prosperidad y bienestar.

Pero también son un ejemplo de respeto de la libertad religiosa y de que el hecho religioso no sea expulsado de la vida social y pública. Y todo eso apela a un Occidente para seguir siendo una columna vertebral moral y cultural.

Frente a la vigilancia tecnológica del modelo social chino, el paternalismo burocrático europeo, EEUU sigue apelando a una sana desconfianza del poder. Porque la libertad no es gratis, exige pelea constante; pero siempre es necesaria para el pleno desarrollo personal, familiar, social y colectivo. Es ese regalo de los dioses que algunos ‘diosecillos’ no entienden. ¿Cómo permitir que hagan lo que quieran y se equivoquen? Porque sólo la equivocación impulsa el aprendizaje, la creatividad, la construcción de uno mismo.

El derecho natural, la división de poderes, la representatividad política, el Estado de derecho y la independencia del poder judicial son otras de las grandes aportaciones prácticas de EEUU. De nuevo fueron ideas de la Escuela de Salamanca -como recordó sabiamente el Papa León XIV en su discurso en el Congreso. Pero -hay que reconocerlo- EEUU ha sido capaz de custodiarlas mejor que España.

No son inventos estadounidenses, sino más bien de la Cristiandad. Pero EEUU tomó el relevo y dotó de nuevo impulso y entusiasmo. Estrecharon sus lazos con el Viejo Continente tanto en la segunda guerra mundial como en el Plan Marshall. Por supuesto, no fue pura filantropía: también les interesaba ampliar mercado e influencia. Hubo interés nacional y responsabilidad histórica a la vez. Algo parecido a lo que ocurre ahora con Venezuela…

La alianza transatlántica no es sólo una alianza militar frente a la amenaza soviética, sino el brazo armado de Occidente, la expresión concreta de que la civilización siempre necesita ser defendida. Y hoy la civilización, Occidente, está amenazada por el régimen chino y la guerra tecnológica. Y desde luego, el ‘wokismo’, la desesperanza vital y el invierno demográfico.

No basta con rearmarse militarmente. Es urgente hacerlo moralmente. Y Trump, con los peores modos posibles, se ha convertido en el padre que trata de enderezar al hijo adolescente. Ni es posible mantener el bienestar sin aumentar la productividad ni es posible garantizar la seguridad sin invertir en Defensa. Ni tampoco es posible salvar la nación sin garantizar la descendencia. Y eso exige cierto sacrificio. Estados Unidos nos ha adelantado en peso económico en las últimas décadas. La razón se encuentra en una economía libre que premia el esfuerzo y la innovación frente a una economía hiper regulada.

Es verdad que Trump ha convertido la diplomacia en un permanente espectáculo de bronca y tensión. Pero también es verdad que forma parte de una estrategia de negociación. Sin embargo, los modos no son irrelevantes: forman parte de la necesaria construcción de confianza. Y no es posible construir tal cosa con quien grita, insulta y amenaza de manera constante.

La imagen de fractura occidental tampoco ayuda. Y que Trump gane 1200 millones de dólares en criptomoneda en el 2025 tampoco despierta confianza sobre los posibles conflictos de interés. 

Pero la alternativa es China. Son mucho más eficientes porque no tienen ese engorro tan caro llamado democracia. De paso, también se ahorran eso tan incómodo llamado libertad de prensa. Obvio que un modelo chino en manos de sátrapas conduce a la miseria. Pero es posible que con cierta ética pueda democratizar cierto bienestar. Eso sí, sin libertad. Ni personal, ni cultural, ni política, ni económica ni religiosa. ¿Es lo que queremos?, ¿el bienestar de una cárcel con ciertas comodidades?

Y más: ¿qué garantías tendríamos de sacudirnos al dictador si se volviera un perfecto tirano? Ninguna. Y más todavía, ¿podemos creernos las estadísticas de crecimiento de China que no gozan de ningún control internacional?

Renunciar a la libertad es renunciar a la humanidad. Por eso en la guerra abierta entre EEUU y China no cabe ponerse de perfil. Porque no es ‘su’ guerra, sino la ‘nuestra’. Y eso implica también desregular, garantizar la libertad religiosa y la calidad de nuestro estado de derecho.

Por eso este 4 de julio podemos celebrar que EEUU, con todos los defectos del mundo, ha contribuido -y sigue contribuyendo- a combatir los totalitarismos, reconstruir Europa, impulsar la innovación y la productividad, defender la libertad religiosa y evidenciar que la prosperidad nace más desde la iniciativa social que desde la planificación estatal.

España debe regresar a la Escuela de Salamanca en su sana doctrina de desconfianza del poder, de su limitación y de los contrapoderes que eviten el totalitarismo. El derecho de propiedad como palanca de la actividad económica, el incentivo al mérito y la capacidad, la desregulación y la limitación de la asfixia burocrática y la libertad educativa son lecciones que -al menos en parte- hoy nos puede dar EEUU.

Por supuesto, también podemos aprender de sus errores, el puritanismo, la cultura de la cancelación y la mercantilización de lo que no debería de someterse al mercado.

El verdadero 4 de julio no son los fuegos artificiales sino el convencimiento de que la dignidad humana debe ser reconocida, respetada y protegida. 

Y siempre con la mirada hacia el Cielo. Como ocurrió en la fundación de los EEUU. La leyenda cuenta que Washington tuvo una visión en Valley Forge, una supuesta aparición mariana. No está probado. Pero sí es un hecho su constante referencia a Dios y a la oración y su convencimiento de que la libertad política es inseparable de la virtud moral y de la referencia religiosa. Es decir, si tememos a Dios y tratamos de tener una vida moralmente ordenada, la libertad ‘hará su magia’. En caso contrario, es posible que decaiga en libertinaje. 

En ese ambiente se redactó una Constitución que partía de la confianza en Dios y la desconfianza en el poder. Por eso estaba limitado, estableciendo ‘check and balance’ que evitaran la acumulación de poder y desde luego negando siempre el monopolio del uso de la fuerza al Estado. ¿Y si lo usa mal?

Esa confianza en Dios y desconfianza en el poder es probablemente la mejor receta del progreso y la mejor explicación de que EEUU sea hoy la potencia más importante del mundo.

Si te pareció interesante, compartelo con los tuyos. Que tengas un excelente sábado.

Un abrazo,

Luis Losada, director de Actuall y todo el equipo

PD. No dejes de compartir este mail con los tuyos y de animarles a suscribirse a nuestro boletín. Información con criterio en tres minutos.

Reply

Avatar

or to participate

Keep Reading