La decisión de Noelia de solicitar la eutanasia no fue tan firme como nos la han ‘vendido’. Actuall ha tenido acceso al documento en el que Noelia solicitó un aplazamiento de seis meses para “poder madurar mejor su decisión”.

Argumenta que se encuentra en un “estado de confusión”. Normal. Porque el trastorno límite de personalidad provoca precisamente este ‘estado de confusión’. Y no es temporal sino estructural; sistémico.

El documento que publicamos es esencial porque revela que Noelia no fue firme en su decisión. El hecho de que quisiera morir maquillada y con su mejor vestido tampoco revela equilibrio mental. Pero nadie dio marcha atrás. Nadie repensó su decisión.

Los que avalaron la ejecución de Noelia restan importancia al documento que publicamos. Argumentan que Noelia redactó dicho documento impulsada por unos religiosos y que después desestimó ese rechazo.

En todo caso plantea la duda. Y ante la duda, siempre mejor no tomar una decisión irreversible.

Porque además, hablamos de una persona que antes de su intento de suicidio ya tenía un 67% de discapacidad. Con ese nivel de discapacidad difícilmente le habrían dejado adoptar o firmar un testamento. Pero le consideraron perfectamente capaz y libre de decidir sobre su propia muerte. Aunque previamente se hubiera arrepentido…

Los peor pensados consideran que el caso Noelia es un test para impulsar la eutanasia en masa. Desgraciadamente el efecto ya se está produciendo. Muchos enfermos mentales ya están pidiendo que les apliquen lo mismo que a Noelia.

Cuando se pierde la esperanza y se siente soledad y abandono, la muerte se percibe como la única salida. Y eso es perfectamente inhumano. Porque hay algo mucho peor que morir: desear la muerte por abandono, por sentir que ya no le importas a nadie, que eres un lastre. ¿Es lo que queremos? Es lo que estamos construyendo como sociedad.

La guinda de este pastel tóxico son los trasplantes. Desde Sanidad se está ‘vendiendo’ que gracias a la eutanasia se están salvando muchos pacientes, que su muerte da vida. ‘Vales más muerto que vivo’...

El argumento es perverso. Porque aunque es genial que del mal pueda salir un bien, provocar un mal para producir un bien es malévolo. Nadie es instrumento de nadie. Nadie debe serlo. Que no haya murallas chinas entre eutanasia y trasplante y que a los profesionales sanitarios se le primen los trasplantes lo convierte en un incentivo perverso.

Por último, el caso Noelia abre un debate sobre el papel de los servicios sociales. La Generalitat asumió la tutela de Noelia para sacarla de una familia desestructurada. Aunque es cierto que sus padres estaban separados y que la convivencia era muy difícil, también es cierto que Noelia vivía con su abuela que actuó de padre y madre ¿Imperfecta? seguramente. Pero probablemente mucho mejor que el centro de acogida donde fue violada y no la protegieron. Ni siquiera le prestaron asistencia psicológica tras su intento de suicidio. ¿No habría estado mejor con su abuela? 

Y por cierto, ¿por qué determinaron que su incapacidad tras su intento de suicidio subió al 74%?, ¿no será que si fuera del 75% habrían tenido que pagar una pensión mucho mas elevada? 

En España hay más de 50.000 menores en centros de acogida. ¿De verdad que hay tantos padres incapaces?, ¿de verdad que las autoridades son mejores que las familias imperfectas?, ¿no se trata de esa visión estatalista de que los niños son del Estado?

Las administraciones no se levantan por las noches cuando el niño está enfermo. Tampoco luchan por su vida como si fuera su propia vida. Por eso optan por lo fácil. Ni siquiera se encargaron de su entierro. Y en este caso, lamentablemente lo fácil fue la muerte. 

Aunque la propia Noelia se hubiera arrepentido. ¿Decisión libre? ¡Vergüenza!

Si te pareciḉo interesante, reenvía este mail a los tuyos.

Un abrazo,

Luis Losada, director de Actuall y todo el equipo

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