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En tiempos del emperador Augusto, terminando el siglo I a.C., los legionarios que habían correspondido al Imperio con un número de años activo, disfrutaban de una dádiva por el servicio prestado. Si el legionario había servido durante veinticinco años, se licenciaba y se convertía en emérito. Podían recibir una parcela o una cantidad de dinero para que disfrutaran de un merecido retiro con el consentimiento de la autoridad. La medida la tomó Augusto para licenciar a los veteranos de las legiones V y X tras las guerras cántabras; podríamos decir que fue el primer precedente oficial de una pensión de jubilación por haber ejercido los deberes que el Gobierno les imponía durante su edad laboral. Llegaron, incluso, a fundarse ciudades como Emérita Augusta, la actual Mérida, donde los veteranos disfrutaban del recreo que merecidamente se habían ganado.

En nuestra sociedad actual, las cosas no son tan lúdicas y sencillas, tampoco lo serían entonces, y por eso tenemos un serio y gravísimo problema con el sistema de pensiones, tanto que el gasto que supone, lastra el presupuesto de otras partidas, igual de importantes, pero que los políticos se niegan a admitir, y como no puede ser de otra forma, el Gobierno de Sánchez lo manipula de forma torticera y sancionable hasta límites poco conocidos.

En ningún país actual, teniendo en cuenta la edad de jubilación y la esperanza de vida, se puede sostener un sistema de pensiones basado en el 100% de las cotizaciones. Es decir, el ingreso de la pensión no puede salir íntegro de las arcas públicas, no hay dinero para ello, y mucho menos con gobiernos inútiles y manirrotos como el que padecemos. ¿Cuál es la solución?, ¿un sistema mixto? La respuesta no es inmediata, pero sí la reflexión formada en la experiencia que han tenido otros países de nuestro entorno que se anticiparon al problema y ahora muestran los resultados de sus decisiones.

El sistema de pensiones actual, nace en el año 1967 cuando bajo el gobierno del general Francisco Franco, entró en vigor la Ley General de la Seguridad Social de 1966. En aquella época, a parte de no existir la corruptela política que tenemos en la actualidad, y esto es así sin ánimo de hacer ningún tipo de apología, la esperanza de vida estaba entorno a los 70 años, si te jubilabas a los 65, el gasto que repercutía a la Seguridad Social era relativamente bajo. En la actualidad la esperanza de vida está casi en los 84 años, luego si nos jubilamos a los 65 años, el gasto de Seguridad Social en ese ciudadano es mucho mayor que hace sesenta años. Con esto no quiero decir que haya que jubilarse a una edad mayor, eso sería ámbito de otro debate, pero lo que sí quiero hacer ver es que el sistema de pensiones es insostenible.

Conocido es el sistema que en los años noventa del siglo pasado se implantó en Suecia, que se basó en un sistema mixto con peso en la capitalización y que ha dado unos resultados muy buenos. Tomando como referencia el sistema sueco, y otros similares como el de Países Bajos, la fundación Atenea impulsada por Iván Espinosa de los Monteros, y bajo las indicaciones del economista Daniel Lacalle ha planteado una reforma “a la sueca” que podría sanear e impulsar un sistema de pensiones racional. Para ello establecen tres grupos:

1.- Apostar por un modelo mixto que se debería implantar con una transición paulatina. Este modelo se basa en tres ideas:

  • Recibir una pensión mínima financiada con los impuestos generales, a modo de renta universal para las personas que estén en edad de jubilación.

  • Modelo de “cuenta nocional”, teniendo claro que una cuenta nocional de pensiones es una cuenta individual virtual donde se registran las cotizaciones que realiza un trabajador a lo largo de su vida laboral. Al jubilarse, el capital acumulado en esta cuenta teórica, sumando intereses, se divide entre la esperanza de vida para calcular la pensión mensual. Si te jubilas antes, la pensión será más baja, si te jubilas más tarde, la pensión será más alta.

  • Se necesita de una capitalización individual a través de una cuenta de inversión. Esta inversión serviría como pilar para el ahorro individual. Esta es la solución sueca, que impone un 2,5% de inversión privada, individual.

2.- La pensión se debe ajustar según la recaudación y el crecimiento económico, esta ha sido una de las claves de que el modelo sueco funcione. Es decir, la revalorización de las pensiones no se puede garantizar con la subida del IPC. Las pensiones subirían si hay ingresos que lo permitan y deberían estar ligadas a la productividad económica.

3.- Es muy importante incentivar el ahorro económico y el patrimonio privado. Esto es muy necesario para asegurar un nivel de vida aceptable teniendo en cuenta los vaivenes de la economía.

La propuesta que se plantea es atractiva, por estar ya probada en países como Suecia y Países Bajos y porque, al menos, presenta una solución a la debacle actual de nuestro sistema. Otras propuestas serían admitidas, como por ejemplo la que acaba de presentar el Presidente Donald Trump, el Presidente americano al que casi todo el mundo aborrece, pero que en materia económica nos da lecciones a Europa un día tras otro. Su iniciativa se basa en crear una cuenta financiera de inversión para cada niño que nazca en Estados Unidos, dotada con 1.000 dólares públicos.

El dinero sería invertido en activos financieros esencialmente de la bolsa americana y no se podría tocar hasta la mayoría de edad. Las familias podrían añadir hasta 5.000 dólares anuales con beneficios fiscales, y las empresas podrían contribuir con 2.500 dólares anuales por cada hijo de sus empleados.

El beneficio real para el interesado está en el rendimiento, no en los 1.000 dólares iniciales. Si se toma en cuenta que la bolsa americana durante los últimos 200 años ha experimentado un rendimiento del 7% anual, los 1.000 dólares iniciales se convertirían en 114.000 dólares en términos reales en la edad de jubilación. Esto sin tener en cuenta que la familia haya aportado nada, que en caso de que lo hubiese hecho, por ejemplo 200 dólares al mes, a los 50 años tendría un patrimonio acumulado de más de 1 millón de dólares.

A esto hay que sumar una premisa muy importante que es la base del capitalismo y del estado liberal económico: el patrimonio individual te libera de la dependencia del Estado, y por lo tanto aumenta tu libertad y tu capacidad de decisión en todos los campos. Por eso, este tipo de medidas causan especial recelo entre la izquierda estatalista y autoritaria, véase, la izquierda española. Además, tiene la ventaja de que una medida de este tipo sería independiente del Gobierno de turno porque, una vez implantada, sería prácticamente imposible revocarla por el coste político que supondría.

En fin, que soluciones hay siempre, lo único que hace falta es compromiso, sagacidad para diseñarlas y voluntad sincera y moral para poder implantarlas. 

José Carlos Sacristán, Colaborador de Enraizados

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