Tras la ejecución de Noelia, Feijóo ha anunciado una Ley Estatal de Cuidados Paliativos. Es una buena noticia porque revela una preocupación. Pero realmente para enfrentar el problema no es imprescindible una ley estatal sino voluntad política donde se gobierna. Por ejemplo, Murcia (PP) es la comunidad que más invierte en paliativos de toda España y sin embargo, no cuenta con ley de cuidados paliativos. En cambio, La Rioja (PP) aprobó el pasado 23 de junio la Ley 3/2025 de Cuidados Paliativos y es -sin embargo- la comunidad que menos invierte.
A nivel internacional España se encuentra en el puesto 28 mundial, por detrás de Uganda que es un país mucho menos desarrollado y ocupa el puesto 26 o Tailandia, en el puesto 12. El dato evidencia que no depende del desarrollo económico sino de la voluntad política.
Pero los estudios también apuntan a que los cuidados paliativos ahorrarían cerca del 50% del coste de la atención de un crónico. Aliviaría la factura farmacéutica un 60%, reduciría las intervenciones un 40% y su hospitalización domiciliarios ahorraría un 34% del coste diario,. En total, alrededor de la mitad. Y sin que suponga una merma en la atención sino todo lo contrario. Es verdad que requiere una inversión inicial, pero los ahorros están garantizados mejorando la atención.
Porque esto es lo fundamental: según un informe de Sanidad en España mueren anualmente 183.000 enfermos necesitando cuidados paliativos. No todos los reciben. Pero es que además, de ellos, cerca de 20.000 tienen sufrimientos graves. No paliar el dolor es inhumano. No tener otra alternativa que la eutanasia no es libertad.

Y aquí está la clave. Porque una cosa es no saber despedirse cuando la muerte nos visita y otra acelerar el proceso por falta de alternativas, porque no soportamos el dolor o porque nos sentimos una carga.
En Canadá ya cerca del 5% de las muertes son causadas por la eutanasia. Se ha naturalizado que cuando se entra en barrena, lo mejor es la estocada. Sin acompañamiento. Sin respetar los tiempos de la naturaleza. Sin una despedida adecuada.
El ‘caso Noelia’ es perversamente pedagógico. Porque si una jóven de 25 años con depresión y vida difícil “tiene derecho” a que la asistan en su suicidio, ¿por qué no se va a aplicar a los miles de ancianos que sufren soledad, abandono y dolor insoportable?
Y más: ¿cómo encaja la ejecución de Noelia con la estrategia nacional de prevención del suicidio?, ¿no habíamos quedado en que había que respetar la libertad?, ¿por qué rescatamos a Noelia tras su intento frustrado de suicidio?, ¿no deberíamos de haber dejado que muriera que era lo que pretendía?
Sé que lo que planteo es una brutalidad inhumana. Pero es lo que se ha producido en el caso de Noelia.
Por eso es importante mostrar la realidad en su crudeza. Y si de verdad se quiere enfrentar el problema, no hace falta esperar a una ley nacional. Se puede empezar por desarrollo autonómico siguiendo las mejores prácticas de Murcia, Madrid y cataluña, las únicas CCAA con atención 24/7.

También se puede plantar como objetivo una inversión de 2 por cada 100.000 habitantes en lugar del 0,8 de media que tenemos actualmente. Los 2/100.000 es el estándar que recomienda la European Association for Palliative Care. Es decir, más que duplicar la atención actual y reducir la brecha local para que el cuidado no dependa del código postal.
El mensaje de la ley es pedagógico, pero los deberes se pueden empezar a hacer desde ya.
El golpe de Noelia no puede convertirse en una barra libre del mercado de la muerte… Toca humanizar el tránsito. Y hacerlo ya.
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Luis Losada, director de Actuall y todo el equipo.
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